{"id":272,"date":"2022-06-28T15:52:35","date_gmt":"2022-06-28T18:52:35","guid":{"rendered":"http:\/\/losintereses.ar\/?p=272"},"modified":"2022-06-28T15:52:39","modified_gmt":"2022-06-28T18:52:39","slug":"la-reconstruccion-de-la-democracia-argentina-1983-2003","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/losintereses.ar\/index.php\/2022\/06\/28\/la-reconstruccion-de-la-democracia-argentina-1983-2003\/","title":{"rendered":"La reconstrucci\u00f3n de la democracia Argentina. (1983-2003)"},"content":{"rendered":"\n<p><a href=\"http:\/\/historiasal.sociales.uba.ar\/wp-content\/uploads\/sites\/82\/2015\/06\/Quiroga-La-reconstruccin-de-la-democracia-Argentina.pdf\">La reconstrucci\u00f3n de la democracia (uba.ar)<\/a><\/p>\n\n\n\n<p><br>Hugo Quiroga<br>La experiencia democr\u00e1tica: una historia de inestabilidad<br>El r\u00e9gimen democr\u00e1tico que se instal\u00f3 en 1983 transita por un complejo y ambiguo<br>proceso que revela, al mismo tiempo, signos favorables de consolidaci\u00f3n y rasgos<br>preocupantes de imperfecci\u00f3n institucional. Se ha afirmado, por un lado, el principio de<br>legitimidad democr\u00e1tica ( el apego mayoritario de los ciudadanos y partidos a las reglas<br>de sucesi\u00f3n pac\u00edfica del poder) y, por otro, no se han superado las deficiencias<br>institucionales y las profundas desigualdades sociales que representan serios desaf\u00edos<br>para la estabilidad de la democracia. En este tiempo han surgido nuevas demandas en la<br>sociedad y ellas tienen que ver con la b\u00fasqueda de igualdad social, con los deseos de<br>seguridad, con la eliminaci\u00f3n de la corrupci\u00f3n y con la calidad de las instituciones<br>p\u00fablicas, especialmente con aquellas que imparten justicia. En estos reclamos se hallan<br>los dif\u00edciles pero no imposibles avances de la democracia.<br>Lo que no ha registrado en la historia pol\u00edtica argentina, al menos hasta 1983, es la<br>completa actuaci\u00f3n de la Constituci\u00f3n Nacional. Planteado el problema de este modo, es<br>evidente que la Ley Suprema no pudo garantizar por s\u00ed misma -con sus derechos y<br>garant\u00edas y con las reglas de competencia pac\u00edfica por el poder- la existencia de un<br>orden democr\u00e1tico estable. Nuestra democracia constitucional fracas\u00f3 en sus m\u00faltiples<br>intentos de estabilidad, inmersa como estuvo durante tanto tiempo en un rumbo err\u00e1tico<br>que la llev\u00f3 a alejarse del juego electoral limpio y pluralista y del respeto a las leyes. La<br>democracia se vuelve, sin duda, inestable por la falta de confianza en las reglas de<br>procedimiento constitucional, en la ausencia de un sistema de alternancia y en la<br>desobediencia de los militares al poder civil.<br>La historia de nuestra democracia es, en este sentido, entrecortada. Una democracia de<br>corta duraci\u00f3n -nuestra primera forma efectivamente democr\u00e1tica- se instaur\u00f3 entre<br>1916 y 1930, poniendo fin a un estilo de sufragio tutelado y a t\u00e9cnicas de control<br>clientelar, lo que condujo a ampliar el nivel de participaci\u00f3n pol\u00edtica mediante el<br>ejercicio de elecciones libres, plurales y competitivas. Durante dieciocho a\u00f1os la<br>competencia por el poder permaneci\u00f3 abierta, aunque no se logr\u00f3 establecer en ese<br>tiempo un verdadero sistema de alternancia. Un per\u00edodo muy breve, en el contorno de<br>un universo complejo que descans\u00f3 en continuidades profundas, no permiti\u00f3 fortalecer,<br>entonces, las instituciones democr\u00e1ticas ni crear un sistema de legitimidad en torno a<br>ellas.<br>Como bien ha se\u00f1alado Natalio Botana, a partir del golpe de 1930 la legitimidad<br>democr\u00e1tica se constituir\u00e1 en el problema permanente de la Argentina contempor\u00e1nea.<br>El per\u00edodo que sigue implicar\u00e1 un rotundo retroceso desde el punto de vista pol\u00edtico\u0002institucional para el orden democr\u00e1tico liberal naciente, cuyos efectos se trasladar\u00e1n<br>hasta el presente demostrando la realidad de la interconexi\u00f3n de los procesos. Pero el<br>2<br>primer tramo de la democracia (el de dieciocho a\u00f1os), que no pudo tener continuidad,<br>mostr\u00f3 ya a todas luces su insuficiencia para crear entre ciudadanos y dirigentes una<br>confianza activa en la legitimidad de las instituciones democr\u00e1ticas. El golpe de 1930<br>represent\u00f3 la postergaci\u00f3n de la posibilidad de consolidar la democracia y de estructurar<br>un sistema de partidos.<br>Lo que se pudo construir no fue m\u00e1s que una democracia entrecortada, que sobrevivi\u00f3<br>penosamente entre seis golpes militares (1930-1943-1955-1962-1966-1976), fraude<br>electoral (en 1937) y proscripciones pol\u00edticas (del radicalismo en 1931, del peronismo<br>en 1958 y 1963) sin poder resolver las tensiones entre legitimidad e ilegitimidad<br>democr\u00e1tica. Despu\u00e9s de 1930, el \u00fanico presidente constitucional elegido en comicios<br>libres que pudo terminar su mandato fue el general Per\u00f3n, entre 1946-1952. En<br>definitiva, \u201cpretorianismo\u201d (es decir, la aceptaci\u00f3n de la participaci\u00f3n de los militares en<br>pol\u00edtica), escasa competencia entre partidos y rotaci\u00f3n del poder entre civiles y militares<br>fueron los elementos singulares de la vida pol\u00edtica argentina entre 1930 y 1983. A la<br>par, una l\u00ednea comunicante de pretensiones hegem\u00f3nicas de distintos signos, como la<br>que notoriamente instal\u00f3 el peronismo en 1946, atraves\u00f3 estas diferentes etapas. En este<br>universo, lo pol\u00edtico no logr\u00f3 instalarse en su especificidad y, ante la debilidad de los<br>partidos, las corporaciones fueron ocupando los espacios cedidos.<br>Un sistema pol\u00edtico como el argentino que entre 1916 y 1983 se desplaz\u00f3 sin cesar<br>entre momentos de legitimidad y de ilegitimidad democr\u00e1tica, no contribuy\u00f3,<br>naturalmente, a fortalecer la creencia efectiva en la Constituci\u00f3n Nacional, ni lleg\u00f3 a<br>crear en tantas d\u00e9cadas de historia institucional un poder democr\u00e1tico leg\u00edtimo, en torno<br>a las reglas pac\u00edficas de sucesi\u00f3n del poder, la libertad de sufragio y la soberan\u00eda<br>popular. De ah\u00ed, tambi\u00e9n, los desaf\u00edos para el nuevo per\u00edodo que comienza en 1983.<br>En s\u00edntesis, en la din\u00e1mica de este juego pol\u00edtico, nuestra democracia no fue capaz de<br>consolidar entre 1916 y 1983 un poder leg\u00edtimo y una cultura pol\u00edtica que la sostuviese.<br>Conviene recordar que los cambios en la cultura pol\u00edtica de una sociedad no se<br>producen, en general, tan abruptamente. Por eso advierte Norbert Lechner que una<br>cultura democr\u00e1tica es el resultado de un proceso hist\u00f3rico que requiere de un tiempo<br>para que se desarrollen costumbres y creencias en las que pueda apoyarse la<br>construcci\u00f3n institucional de la democracia. La legitimidad de las instituciones<br>democr\u00e1ticas supone la maduraci\u00f3n de una cultura c\u00edvica que, a su vez, se apoya en el<br>funcionamiento eficiente y duradero de las instituciones.<br>Es por eso que las dificultades del proceso de transici\u00f3n a la democracia que comienza<br>despu\u00e9s de la derrota de Malvinas no fueron pocas. Al mismo tiempo que la renaciente<br>democracia luchaba por institucionalizarse, deb\u00eda adecuarse a las exigencias de<br>reestructuraci\u00f3n de la econom\u00eda mundial, la que provoc\u00f3 considerables fisuras sociales.<br>En el Cono Sur, los procesos de democratizaci\u00f3n tuvieron lugar en el contexto de la<br>crisis de la deuda p\u00fablica, y en esa dif\u00edcil situaci\u00f3n los gobiernos aplicaron pol\u00edticas<br>neoliberales, de reforma del Estado, de reducci\u00f3n del d\u00e9ficit fiscal, de privatizaciones y<br>de exaltaci\u00f3n del mercado, cuyas consecuencias sociales crearon condiciones<br>desfavorables para la estabilidad de esos pa\u00edses.<br>La experiencia hist\u00f3rica nos ha ense\u00f1ado que la democracia no s\u00f3lo se edifica sino que<br>hay que saber que se edifica; lo significativo en este proceso es reconocer el sentido de<br>esa construcci\u00f3n para mejorar sus formas, para hacerla m\u00e1s habitable. No obstante, esa<br>3<br>construcci\u00f3n parecer\u00e1 siempre inconclusa. La democracia nunca ser\u00e1 un r\u00e9gimen<br>acabado, logrado. Se construye y reconstruye de manera permanente; prevalece as\u00ed un<br>movimiento de reconstrucciones parciales. La democracia no puede ser m\u00e1s que una<br>realidad inacabada.<br>La reconstrucci\u00f3n de un r\u00e9gimen democr\u00e1tico es siempre una empresa colectiva, a la<br>que deben converger -y este no es un dato menor para los argentinos- tanto la amplia<br>mayor\u00eda de los ciudadanos como la totalidad de los partidos pol\u00edticos. A partir de 1983,<br>pareciera que los ciudadanos y dirigentes argentinos se han puesto de acuerdo sobre el<br>sistema pol\u00edtico bajo el cual desean vivir, sobre el modo de vida que han juzgado mejor.<br>La uni\u00f3n de estas convicciones es el m\u00e1s s\u00f3lido escudo que pueden encontrar las<br>acciones de los actores antidemocr\u00e1ticos y es la mejor defensa de un proyecto de vida<br>p\u00fablico y colectivo.<br>La democracia que renace en 1983 no es ajena a las realidades y condiciones de su<br>pasado, es decir, de un pasado que le da origen y condiciona pero que, a su vez, puede<br>terminar siendo transformado por ella. Sin duda, la fragilidad de nuestro pasado<br>democr\u00e1tico repercute en la capacidad actual del sistema pol\u00edtico para crear mejores<br>condiciones de estabilidad. Pasado, presente y futuro de un mismo proceso hist\u00f3rico,<br>abierto y en movimiento\u2026 Comprender las acciones contempor\u00e1neas es situarse en la<br>perspectiva de un presente activo en su relaci\u00f3n al pasado y con la mirada expectante<br>hacia el futuro.<br>El derrumbe de la dictadura militar de 1976 permiti\u00f3 a la sociedad argentina ingresar<br>en un nuevo per\u00edodo democr\u00e1tico con un horizonte de esperanza que la moviliz\u00f3 tras la<br>prosecuci\u00f3n de dos grandes objetivos: la renovaci\u00f3n del sistema pol\u00edtico y la<br>reorganizaci\u00f3n de la econom\u00eda. El \u00e9xito del per\u00edodo de transici\u00f3n que comenz\u00f3 en<br>1983, tanto en su faz pol\u00edtica como en la econ\u00f3mica, iba a depender en gran medida de<br>la interacci\u00f3n de ambos procesos. A partir de entonces una demanda de orden -pol\u00edtico<br>y econ\u00f3mico- se instal\u00f3 con intensidad en una sociedad que deseaba organizar su<br>capacidad de convivencia, luego de tantos a\u00f1os de retroceso y frusturaciones.<br>En efecto, en el t\u00e9rmino de una d\u00e9cada tuvo lugar la transici\u00f3n del autoritarismo a la<br>democracia y la transici\u00f3n de una econom\u00eda dirigida a una econom\u00eda de mercado,<br>aspectos fundamentales que abarca toda construcci\u00f3n institucional. Los cambios<br>pol\u00edticos se iniciaron con la instalaci\u00f3n de la democracia en 1983 y las reformas<br>econ\u00f3micas estructurales comenzaron en 1989. Ra\u00fal Alfons\u00edn y Carlos Menem, con<br>estilos, conductas y resultados diferentes, fueron los protagonistas principales de la<br>reconstrucci\u00f3n de la democracia argentina. Entre la necesidad de consolidar las<br>instituciones pol\u00edticas y la de afrontar las reformas econ\u00f3micas se fueron descubriendo<br>los desaf\u00edos de nuestra joven democracia.<br>El gobierno de Alfons\u00edn<br>La reorganizaci\u00f3n de la vida pol\u00edtica: entre el parlamento y la participaci\u00f3n<br>El 30 de octubre de 1983 tuvieron lugar las \u201celecciones fundacionales\u201d que abrieron<br>paso a una nueva etapa en la vida democr\u00e1tica, entre rumores de desestabilizaci\u00f3n, las<br>amenazas de los sectores golpistas y las disidencias en el frente militar. El resultado de<br>4<br>los comicios confirm\u00f3 la continuidad del sistema bipartidista radical-justicialista que<br>rigi\u00f3 la vida pol\u00edtica argentina desde la segunda mitad del siglo XX, con la presencia de<br>dos fuerzas menores de escasa importancia: el partido intransigente y la Uni\u00f3n del<br>Centro Democr\u00e1tico (UCD). Los dos partidos mayoritarios lograron reunir el 92% de<br>los sufragios. Es decir, que los cambios pol\u00edticos iniciados con la transici\u00f3n tuvieron<br>como actores principales a las tradicionales fuerzas pol\u00edticas: el peronismo y el<br>radicalismo.<br>El triunfo electoral del radicalismo con la f\u00f3rmula Ra\u00fal Alfons\u00edn-V\u00edctor Mart\u00ednez, que<br>obtuvo casi el 52% de los votos, plante\u00f3 la posibilidad de una vuelta de p\u00e1gina en la<br>accidentada historia pol\u00edtica argentina y el inicio de un nuevo liderazgo social. El nuevo<br>Presidente asumi\u00f3 el 10 de diciembre de 1983 y convoc\u00f3 a la poblaci\u00f3n a una<br>concentraci\u00f3n en la Plaza de Mayo. Inmediatamente, qued\u00f3 a la vista el doble<br>significado del triunfo electoral: por un lado, se clausur\u00f3 el r\u00e9gimen autoritario de 1976<br>y, por el otro, se quebr\u00f3 la hegemon\u00eda electoral de cuatro d\u00e9cadas del peronismo. De<br>esta manera, el gobierno de Ra\u00fal Alfons\u00edn emergi\u00f3 ante los ojos de la mayor\u00eda como la<br>alternativa posible a un estado de retroceso y destrucci\u00f3n. El nuevo l\u00edder de los<br>argentinos supo sumar adhesiones, ya desde la campa\u00f1a electoral, sobre la base de un<br>discurso \u00e9tico-pol\u00edtico que opon\u00eda democracia a dictadura y justicia a impunidad frente<br>a la violaci\u00f3n de los derechos humanos. En la consideraci\u00f3n de la mayor\u00eda, el<br>radicalismo aparec\u00eda como el partido m\u00e1s coherente y con mayor aptitud para hallar<br>soluciones a una de las crisis m\u00e1s aguda de la argentina contempor\u00e1nea.<br>Con el advenimiento de la democracia la embrionaria esfera p\u00fablica halla su<br>representaci\u00f3n institucionalizada en el parlamento, de tal modo que ya no puede ser<br>exclusivamente identificada con los actores pol\u00edticos de finales de la dictadura, ni con<br>sus respectivos discursos, ni con sus lugares de comunicaci\u00f3n. Toda la sociedad se<br>incorpora ahora al r\u00e9gimen democr\u00e1tico mediante el sistema de representaci\u00f3n pol\u00edtica<br>establecido por el sufragio universal. En su nueva integraci\u00f3n la esfera p\u00fablica pol\u00edtica<br>ampl\u00eda tanto los temas como los lugares de discusi\u00f3n entre gobernantes y gobernados,<br>en la medida en que el gobierno democr\u00e1tico ofrece nichos de participaci\u00f3n y est\u00e1<br>obligado a la publicidad de sus actos. Sin embargo, conviene adelantar que este campo<br>de interacciones se ver\u00e1 en el mediano plazo debilitado tanto por el eclipse de la<br>discusi\u00f3n p\u00fablica, como por un conjunto de problemas de \u00edndole pol\u00edtico, militar y<br>econ\u00f3mico-social.<br>\u00bfCu\u00e1les son los temas de discusi\u00f3n p\u00fablica? y \u00bfcu\u00e1les son los lugares de<br>comunicaci\u00f3n de la naciente democracia?<br>Durante los primeros a\u00f1os, el gobierno de Alfons\u00edn se encontr\u00f3, por un lado,<br>amenazado por el persistente pasado autoritario y, por otro, se vio animado por las<br>demandas de participaci\u00f3n y por la imperiosa necesidad de consolidar la democracia.<br>De tal manera, al asegurar los derechos civiles y garantizar la libertad pol\u00edtica a trav\u00e9s<br>de las instituciones p\u00fablicas, se abri\u00f3 un per\u00edodo de lucha -que no ser\u00e1 largo- por la<br>ampliaci\u00f3n de la participaci\u00f3n pol\u00edtica. Una sucesi\u00f3n de acontecimientos y decisiones<br>gubernamentales, algunos de ellos con origen en el pasado y otros provenientes de la<br>propia transici\u00f3n, sacuden con diferente intensidad y modalidad las fibras de la<br>participaci\u00f3n social y las demandas de consolidaci\u00f3n de la democracia.<br>5<br>En efecto, la participaci\u00f3n mayoritaria de la ciudadan\u00eda junto a las decisiones del<br>primer gobierno democr\u00e1tico fueron factores determinantes del acontecer pol\u00edtico de<br>una sociedad que retomaba cuidadosamente sus primeros pasos en la creaci\u00f3n de un<br>nuevo orden: el juicio a las Juntas Militares; la labor de la CONADEP (Comisi\u00f3n<br>Nacional de Desaparici\u00f3n de Personas) que fue sin duda el espacio de la sociedad civil;<br>el tratado de paz con Chile sustentado por un plebiscito; la implementaci\u00f3n de un<br>programa econ\u00f3mico heterodoxo conocido como Plan Austral que suscit\u00f3<br>inmediatamente un amplio apoyo de la sociedad; el Congreso Pedag\u00f3gico Nacional que<br>promovi\u00f3 un debate horizontal en el sistema educativo, con la participaci\u00f3n de diversos<br>sectores, sobre la futura ley de educaci\u00f3n; y la sociedad que se abroquela en las<br>instituciones de la democracia (con reuniones masivas en las plazas p\u00fablicas de todo el<br>pa\u00eds en defensa de la democracia) ante la rebeld\u00eda militar de 1987 y 1988.<br>La pol\u00edtica participativa permanece en lo fundamental, resumida entre 1984 y 1987,<br>en aquellas formas y espacios que, como v\u00edas de deliberaci\u00f3n convencional y no<br>convencional, despertaron esperanzas, pero que, entre otras cosas, por falta de<br>continuidad y consistencia, resultaron finalmente insuficientes a la hora de querer<br>construir un modelo diferente de sociedad. Se podr\u00eda convenir, entonces, en que la<br>democracia participativa comienza a declinar su fortaleza a partir de las elecciones de<br>septiembre de 1987 que causan una derrota electoral al partido gobernante, signo<br>elocuente de un imparable deterioro pol\u00edtico, que va estrechando los m\u00e1rgenes de<br>acci\u00f3n del gobierno. La gravedad de la crisis, el poder de los centros financieros<br>internacionales, y el peso de una sociedad altamente corporativa, doblegan la voluntad<br>pol\u00edtica del gobierno, mientras el sistema de partidos se resiente y los ciudadanos<br>pierden protagonismo y buscan desentenderse (en t\u00e9rminos relativos) de la pol\u00edtica.<br>Simult\u00e1neamente, las leyes de \u201cobediencia debida\u201d y \u201cpunto final\u201d, impulsadas por las<br>presiones de los rebeldes militares, que comprometen la continuidad de los juicios<br>militares -limitando la acci\u00f3n de la justicia- corroe igualmente la credibilidad<br>presidencial, que ha vuelto con estas medidas sobre sus propios pasos.<br>Hasta el comienzo del Plan Austral en 1985, el gobierno radical no hab\u00eda llegado a<br>percibir \u00edntegramente la gravedad de la crisis argentina ni los cambios de \u00e9poca que<br>impactaban fuertemente sobre ella. Cuando se propone plasmar, con un programa<br>heterodoxo, las reformas que permitir\u00edan acomodar el pa\u00eds a las nuevas condiciones del<br>capitalismo mundial, la oposici\u00f3n pol\u00edtica y sindical peronista sale a combatir con<br>dureza, con trabas parlamentarias y con la acci\u00f3n directa, los \u00e9xitos iniciales y a frenar<br>en nombre de una perimida matriz de pensamiento las t\u00e1cticas oficiales que buscaban un<br>rendimiento m\u00e1s adecuado del Estado y la econom\u00eda. Los grandes empresarios, de<br>incontenibles influencias en las instituciones pol\u00edticas, olvidan sus compromisos al ver<br>que la crisis econ\u00f3mica iba devorando la administraci\u00f3n radical y que el Estado<br>resultaba de m\u00e1s en m\u00e1s incapaz de manejarla. En general ese \u00abpaso al costado\u00bb no fue<br>interpretado como una reacci\u00f3n natural y defensiva del capital frente a una ca\u00edda que<br>parec\u00eda inevitable sino como una reacci\u00f3n consciente y contundente destinada a<br>producir un \u00abgolpe econ\u00f3mico\u00bb al final del mandato de Alfons\u00edn.<br>La sociedad hab\u00eda cifrado sus esperanzas de cambio en el resultado de un doble<br>proceso de transici\u00f3n. En relaci\u00f3n con la transici\u00f3n pol\u00edtica, el gobierno de Alfons\u00edn no<br>pudo subordinar completamente las Fuerzas Armadas a la democracia (un sector de<br>ellas, el denominado \u201ccarapintada\u201d, se resist\u00eda y se indignaba frente a los requerimientos<br>de saneamiento dirigidos desde el poder civil), mientras sus instituciones fundamentales<br>6<br>-partidos y parlamento- funcionaban con normalidad. La incertidumbre generada en el<br>campo militar hizo m\u00e1s dif\u00edcil la transici\u00f3n econ\u00f3mica, en un pa\u00eds que requer\u00eda de<br>reformas estructurales para mejorar las condiciones de vida de la poblaci\u00f3n. En este<br>\u00faltimo punto estaban tambi\u00e9n centradas las expectativas sociales. El fracaso del Plan<br>Austral, las dificultades para reformar el Estado, as\u00ed como tambi\u00e9n la imposible<br>reestructuraci\u00f3n econ\u00f3mica, clausuran las posibilidades transformadoras del gobierno<br>radical y lo dejan pr\u00e1cticamente inhabilitado para continuar en el ejercicio del poder. El<br>corolario fue la crisis de gobernabilidad del primer gobierno constitucional sin que haya<br>entrado en crisis la legitimidad del sistema democr\u00e1tico.<br>Los lugares cl\u00e1sicos de la pol\u00edtica, amplificados por la movilizaci\u00f3n de los<br>ciudadanos y la participaci\u00f3n de algunos movimientos sociales en el primer tramo del<br>proceso de transici\u00f3n, fueron gradualmente erosionados por la impactante realidad de<br>una sociedad que no pod\u00eda conocer por entero el sentido de su ubicaci\u00f3n. El modelo de<br>espacio p\u00fablico participativo ha entrado en crisis. La disminuci\u00f3n del entusiasmo<br>ciudadano le quita centralidad a la participaci\u00f3n, mientras que la vida pol\u00edtica se aten\u00faa<br>y los espacios institucionales muestran sus l\u00edmites. La autoridad presidencial, que hab\u00eda<br>conferido al pa\u00eds una determinada estabilidad y seguridad como garante personal de la<br>transici\u00f3n en el dificultoso recorrido hacia la consolidaci\u00f3n de la democracia, se<br>abandona en una cierta inercia peligrosa. Hacia 1987, el Estado democr\u00e1tico ya no<br>puede continuar como antes ofreciendo un espacio p\u00fablico de participaci\u00f3n.<br>Por un momento el ciudadano se sinti\u00f3 part\u00edcipe de los asuntos p\u00fablicos: apoy\u00f3<br>abiertamente al sistema democr\u00e1tico, puso barrera a los alzamientos militares, particip\u00f3<br>de la discusi\u00f3n p\u00fablica (adem\u00e1s del Congreso Pedag\u00f3gico, del inter\u00e9s por el tema de los<br>derechos humanos y del apoyo la soluci\u00f3n pac\u00edfica en el conflicto con Chile por el<br>Beagle, una vasto sector de la poblaci\u00f3n se manifest\u00f3 a favor de la ley de divorcio y de<br>la patria potestad compartida) y mostr\u00f3 disposici\u00f3n para movilizarse por aquellas<br>cuestiones relativas a la buena marcha de la vida en com\u00fan. La pol\u00edtica parec\u00eda no ser<br>una cosa de pocos y la vida p\u00fablica resultaba aceptable y digna. Empero la vida privada<br>pronto se constituir\u00eda en el recinto donde los ciudadanos ir\u00edan a refugiar su indiferencia<br>luego de los desencantos y de la p\u00e9rdida de inter\u00e9s en los asuntos comunes. Un<br>individuo decepcionado abandonaba la posibilidad de convertirse en el sujeto de una<br>pol\u00edtica participativa, que ya no estaba dispuesto a generar, al mismo tiempo que un<br>gobierno presionado por la crisis y en apuros ya hab\u00eda decidido dejarla de lado.<br>La insubordinaci\u00f3n militar y los derechos humanos<br>El problema de la violaci\u00f3n de los derechos humanos en el Cono Sur (Chile, Uruguay,<br>Brasil y Argentina) plante\u00f3 en el espacio de las nuevas democracias una pregunta<br>decisiva sobre el legado del terror: la capacidad de estas democracias para juzgar a las<br>fuerzas armadas. El interrogante dejaba entrever las limitaciones institucionales del<br>sistema democr\u00e1tico para investigar y condenar a los responsables de los cr\u00edmenes, ante<br>una probable regresi\u00f3n autoritaria. La cuesti\u00f3n qued\u00f3, entonces, encerrada en la<br>exasperante tensi\u00f3n entre justicia y pol\u00edtica, entre las exigencias de reparaci\u00f3n \u00e9tica y el<br>realismo pol\u00edtico. \u00bfC\u00f3mo juzgar a las Fuerzas Armadas sin poner en peligro la<br>estabilidad del orden democr\u00e1tico? En los pa\u00edses mencionados, la \u201craz\u00f3n militar\u201d no<br>admite ni acepta discrepancias: reclama impunidad ante las consecuencias de la<br>aplicaci\u00f3n de m\u00e9todos ileg\u00edtimos de represi\u00f3n. Conviene aclarar, que la situaci\u00f3n es<br>7<br>tambi\u00e9n diferente en cada pa\u00eds por las condiciones que rodearon el proceso de transici\u00f3n<br>desde un orden autoritario a un orden democr\u00e1tico.<br>Es por eso que ning\u00fan pa\u00eds en Am\u00e9rica Latina, que atraves\u00f3 por el horror de una<br>dictadura cruel, lleg\u00f3 tan lejos como la Argentina en la investigaci\u00f3n y juicio a las<br>Fuerzas Armadas, a\u00fan cuando no se pudo mantener en pie la sentencia condenatoria de<br>los culpables. La comparaci\u00f3n con los casos de Chile, Uruguay y Brasil muestra<br>n\u00edtidamente la diferencia entre las distintas soluciones adoptadas por los gobiernos<br>democr\u00e1ticos, las que sin duda responden a los cambios operados con el pasado seg\u00fan el<br>tipo de transici\u00f3n encarada: pactada o no pactada con el poder militar.<br>El juicio a las Juntas Militares realizado por el gobierno de Alfons\u00edn constituy\u00f3 una<br>transparente afirmaci\u00f3n del sistema democr\u00e1tico, a la vez que representaba el primer<br>antecedente de este tipo en Am\u00e9rica Latina. La restablecida democracia argentina<br>juzg\u00f3 -con sus instrumentos legales- a los responsables del quiebre institucional de 1976<br>y, por ende, a los responsables de la represi\u00f3n ilegal puesta en marcha con el r\u00e9gimen<br>militar. Simb\u00f3licamente se juzg\u00f3 tambi\u00e9n a todos los golpes de Estado y al<br>autoritarismo militar que durante cincuenta a\u00f1os hegemoniz\u00f3 la pol\u00edtica argentina. Pero<br>las dudas a disipar no eran pocas: \u00bfno hab\u00eda que esperar acaso una reacci\u00f3n violenta de<br>las fuerzas armadas o de un sector de ellas? Si tal situaci\u00f3n se presentaba, \u00bfla<br>democracia estar\u00eda en condiciones de poder sostener una posici\u00f3n \u00e9tica y defensora de<br>la sentencia condenatoria sin ser humillada? La pol\u00edtica de Alfons\u00edn formulada en<br>diciembre de 1983 se situaba inicialmente entre el leg\u00edtimo reclamo de justicia y la<br>necesaria preservaci\u00f3n del sistema democr\u00e1tico. \u00bfC\u00f3mo juzgar a toda una instituci\u00f3n<br>que, adem\u00e1s de disponer del monopolio de la fuerza, ha sido durante cincuenta a\u00f1os el<br>actor principal de la pol\u00edtica argentina?<br>Uno de los primeros pasos de la estrategia gubernamental en el tema de los derechos<br>humanos fue la creaci\u00f3n de la CONADEP por decreto presidencial del 15 de diciembre<br>de 1983, con la finalidad de recibir denuncias y pruebas para ser remitidas a la justicia.<br>El Informe de esa tarea titulado Nunca M\u00e1s, entregado al Presidente de la Naci\u00f3n el 20<br>de septiembre de 1984, y la emisi\u00f3n del programa de televisi\u00f3n que mostraba las<br>investigaciones realizadas, causaron un profundo malestar en los medios castrenses. El<br>\u201cdescenso al infierno\u201d, como Ernesto Sabato calificara a la dolorosa tarea emprendida<br>por la CONADEP, promovi\u00f3 el m\u00e1s grande acto de toma de conciencia de una<br>sensibilizada sociedad.<br>A fin de no inculpar a toda la instituci\u00f3n militar por la represi\u00f3n antisubversiva, la<br>estrategia gubernamental reform\u00f3 en febrero de 1984 el C\u00f3digo de Justicia Militar<br>estableciendo tres niveles de responsabilidad: los que planificaron y ejercieron la<br>supervisi\u00f3n; los que actuaron sin capacidad decisoria cumpliendo \u00f3rdenes; los que<br>cometieron exceso en el cumplimiento de directivas superiores. Ahora bien, entre la<br>reforma de este C\u00f3digo y la primera rebeli\u00f3n de abril de 1987 rond\u00f3 la incertidumbre en<br>el proceso de transici\u00f3n democr\u00e1tica, por la usina de rumores y la intoxicaci\u00f3n de<br>noticias militares, por los relevos y las designaciones en los altos mandos, por el esp\u00edritu<br>de cuerpo que se formaba entre la oficialidad media que resist\u00eda a ser juzgada, por las<br>diferencias suscitadas entre la justicia civil y el gobierno democr\u00e1tico, y por el pleito<br>entre la justicia civil y la justicia militar. El hecho m\u00e1s remarcable fue el temible clima<br>golpista que rode\u00f3 la iniciaci\u00f3n del juicio a los Comandantes. La noche del 21 de abril<br>de 1985 (la anterior a dicho comienzo), el presidente Alfons\u00edn en un discurso dram\u00e1tico<br>8<br>denunci\u00f3 abiertamente la conspiraci\u00f3n golpista y convoc\u00f3 a los ciudadanos a defender<br>el sistema democr\u00e1tico. Alfons\u00edn debi\u00f3 admitir que el proceso a los Comandantes<br>provocaba tensiones, pero a\u00fan as\u00ed ese juicio, a su entender, \u201cterminar\u00e1 con cincuenta<br>a\u00f1os de frustraci\u00f3n democr\u00e1tica\u201d.<br>A partir del juicio a los responsables de la represi\u00f3n se abri\u00f3 una tensa relaci\u00f3n entre<br>el gobierno radical y las Fuerzas Armadas que estall\u00f3 con el alzamiento militar de<br>Semana Santa, en abril de 1987. La ley de punto final, sancionada en diciembre de<br>1986, sal\u00eda al cruce de las presiones militares con la finalidad de evitar posibles<br>rebeliones. El sentido de esa ley era evitar tanto la proliferaci\u00f3n de los juicios como<br>disipar el estado de sospecha que pesaba sobre la instituci\u00f3n militar, para lo cual se<br>promov\u00eda la aceleraci\u00f3n de las causas y la fijaci\u00f3n de un t\u00e9rmino de prescripci\u00f3n de la<br>acci\u00f3n penal. Se prev\u00eda, pues, plazos exiguos de 30 y 60 d\u00edas para denunciar hechos<br>nuevos y para procesar a quienes no lo hubieran sido. Cumplidos los mismos se<br>extingu\u00eda la acci\u00f3n penal. El dispositivo legal, que limitaba la acci\u00f3n de la justicia,<br>result\u00f3 sin embargo insuficiente para la voracidad de los \u201ccarapintadas\u201d, el sector del<br>Ej\u00e9rcito que se alz\u00f3 en armas cuatro meses m\u00e1s tarde, en abril de 1987.<br>El levantamiento de Semana Santa, encabezado por el teniente coronel Aldo Rico, que<br>mantuvo en vilo al pa\u00eds durante cuatro d\u00edas, termin\u00f3 con una sospecha de negociaci\u00f3n<br>entre el presidente Alfons\u00edn y los amotinados realizada en Campo de Mayo. Horas m\u00e1s<br>tarde, desde los balcones de la Casa Rosada Ra\u00fal Alfons\u00edn anunciaba ante una multitud<br>que la \u201ccasa est\u00e1 en orden\u201d, frase c\u00e9lebre que en la percepci\u00f3n colectiva hab\u00eda sonado<br>m\u00e1s a una claudicaci\u00f3n que a una entrega incondicional de los insurrectos. La decepci\u00f3n<br>de la ciudadan\u00eda era inevitable y el Estado democr\u00e1tico mostraba sus l\u00edmites en la<br>resoluci\u00f3n del tema de los derechos humanos.<br>En los primeros d\u00edas de junio de 1987, dos meses despu\u00e9s de la rebeli\u00f3n de Semana<br>Santa, se aprueba la ley que delimita la obediencia debida, en base a dos fuertes<br>considerandos. 1) Se presume de pleno derecho (sin admitir prueba en contrario) que los<br>oficiales jefes, oficiales subalternos, y suboficiales de las Fuerzas Armadas y de<br>seguridad, no son punibles por los delitos cometidos en la lucha contra el terrorismo por<br>haber obrado en virtud de obediencia debida. 2) La misma presunci\u00f3n se aplica a los<br>oficiales superiores que no hubieran revistado como comandantes en jefe, jefe de zona,<br>jefe de subzona o jefe de fuerzas de seguridad, salvo que en el plazo de 30 d\u00edas de<br>promulgada la ley se resuelva judicialmente que tuvieron capacidad decisoria o que<br>participaron en la elaboraci\u00f3n de las \u00f3rdenes.<br>No obstante, las rebeliones continuaron en Monte Caseros, enero de 1988, en Villa<br>Martelli, diciembre de 1988 y, finalmente, en diciembre de 1990 bajo el gobierno de<br>Carlos Menem. Las demandas rebeldes actualizaban una pretensi\u00f3n no resuelta en el<br>campo pol\u00edtico: la irresponsabilidad penal por lo actuado en la \u201cguerra sucia\u201d. La<br>soluci\u00f3n demorada del radicalismo, con las leyes de punto final y de obediencia debida,<br>fue incapaz de impedir la continuidad del reclamo de impunidad del sector carapintada<br>del Ej\u00e9rcito que exig\u00eda con las armas en la mano el reconocimiento de la sociedad por la<br>lucha contra la subversi\u00f3n. Las cuatro insurrecciones dejaban la sensaci\u00f3n de un<br>conflicto no resuelto, y eran la evidente demostraci\u00f3n de que las armas de un importante<br>sector de las fuerzas armadas no estaban al servicio del gobierno civil. Una parte activa<br>del viejo aparato del poder militar permanec\u00eda intacta. Los sediciosos de las tres<br>primeras sublevaciones no pudieron ser reprimidos por las fuerzas leales al gobierno de<br>9<br>Alfons\u00edn, porque la demanda de impunidad cohesionaba a la instituci\u00f3n militar. En<br>cambio, la represi\u00f3n fue posible en el curso del cuarto episodio rebelde cuando el<br>conjunto de las fuerzas armadas tuvo la garant\u00eda del presidente Menem de indultar a los<br>responsables del orden autoritario de 1976.<br>Frente a los alzamientos b\u00e9licos y ante la resistencia militar a los juicios por violaci\u00f3n<br>de los derechos humanos, la sociedad civil puso de manifiesto una lealtad generalizada<br>al sistema democr\u00e1tico, hasta entonces nunca practicada, en un pa\u00eds que permaneci\u00f3<br>durante medio siglo regido por un sistema pol\u00edtico que cont\u00f3 a las Fuerzas Armadas<br>como uno de sus protagonistas principales. As\u00ed, una parte activa de la sociedad se<br>movilizaba en defensa de la continuidad de los juicios y la aplicaci\u00f3n de las condenas a<br>los responsables de la represi\u00f3n. Por eso, las leyes de punto final y obediencia debida<br>representaron en la mirada de la mayor\u00eda el triunfo del realismo pol\u00edtico sobre las<br>demandas \u00e9ticas y de justicia de la sociedad. La verdad de la justicia no coincidi\u00f3 con la<br>verdad de la pol\u00edtica. Las denominadas \u201cleyes de perd\u00f3n\u201d fueron conquistadas por la<br>presi\u00f3n de la espada. La democracia hab\u00eda perdido una batalla librada desde el campo<br>de la justicia, que sin duda caus\u00f3 un impacto negativo en la conciencia y en el \u00e1nimo de<br>los ciudadanos que hab\u00edan depositado su confianza en el Estado democr\u00e1tico, que ahora<br>comenzaba a dejar a un lado la responsabilidad de asegurar el castigo debido por los<br>actos criminales.<br>Las dificultades de la modernizaci\u00f3n democr\u00e1tica<br>El triunfo de Alfons\u00edn puso en la escena pol\u00edtica la incapacidad de algunos sectores<br>para comprender la evoluci\u00f3n y las aspiraciones de la sociedad en la \u00faltima \u00e9poca. No<br>se terminaba de entender que esta sociedad -muy golpeada por la represi\u00f3n pol\u00edtica y<br>social de la dictadura- no toleraba, ya m\u00e1s, pr\u00e1cticas y modelos autoritarios de<br>convivencia social. Ese fue, sin duda, el significado principal de la participaci\u00f3n social<br>en el proceso electoral del 30 de octubre. No fue s\u00f3lo un voto antidictatorial sino<br>tambi\u00e9n un reclamo democr\u00e1tico de transformaci\u00f3n social y cultural. Se buscaba una<br>salida integral a un estado de retroceso y deterioro del pa\u00eds, que diera lugar a una nueva<br>etapa de progreso social y modernizaci\u00f3n de la Argentina, fuera del marco del Estado<br>militar o de cualquier otra forma autoritaria de gobierno. La sociedad civil busc\u00f3, en<br>esencia, recomponer un espacio democr\u00e1tico y reconquistar el respeto a s\u00ed misma, luego<br>de varios a\u00f1os de tiran\u00eda militar.<br>Precisamente, el gobierno de Alfons\u00edn dise\u00f1\u00f3 una propuesta de modernizaci\u00f3n<br>democr\u00e1tica que puso en el horizonte social una esperanza y una alternativa a la<br>peque\u00f1ez y el atraso del gobierno militar. Ensay\u00f3 en un primer momento un programa<br>democr\u00e1tico renovador que atac\u00f3 varios frentes a la vez, por lo que encontr\u00f3<br>r\u00e1pidamente resistencia en los principales poderes corporativos: los militares, la iglesia,<br>los sindicatos. La modernizaci\u00f3n democr\u00e1tica reclamaba cambios culturales,<br>institucionales y pol\u00edticos y requer\u00eda de un amplio sustento social. La tarea no era f\u00e1cil<br>ni menor. Aunque contaba con el apoyo de la sociedad civil no hab\u00eda logrado en las<br>elecciones la mayor\u00eda en el Senado; tampoco el peronismo pol\u00edtico y sindical estaba<br>dispuesto a acompa\u00f1ar un proceso de reforma sobre el cual no ten\u00eda la iniciativa y ni el<br>control.<br>El gobierno radical avanz\u00f3 con prontitud en determinadas \u00e1reas y con diferentes temas<br>que generaban conflicto. Como vimos, el 13 de diciembre puso en marcha por decreto<br>10<br>presidencial el juicio a los integrantes de las tres primeras Juntas Militares y dos d\u00edas<br>m\u00e1s tarde cre\u00f3 la CONADEP. En el terreno social implement\u00f3, a trav\u00e9s de una ley, un<br>programa alimentario nacional destinado a los sectores m\u00e1s postergados de la sociedad.<br>Otra iniciativa ya mencionada fue la convocatoria al Congreso Pedag\u00f3gico encargado<br>de crear un estado de opini\u00f3n y de elaborar propuestas para una nueva ley nacional de<br>educaci\u00f3n. Este congreso encontraba un significativo antecedente en aquel otro<br>celebrado en 1882 con la presidencia del general Roca, que dio lugar a una propuesta<br>educativa de avanzada que se plasm\u00f3 en la ley 1420, con sus principios de ense\u00f1anza<br>p\u00fablica, gratuita y obligatoria. Lo que estaba en juego en la propuesta del gobierno<br>radical no era s\u00f3lo la discusi\u00f3n de una ley de educaci\u00f3n sino el sistema educativo y<br>cultural que modelar\u00eda las futuras generaciones de los argentinos. Por eso, el tema abri\u00f3<br>la posibilidad de participaci\u00f3n a la sociedad y moviliz\u00f3 a la Iglesia Cat\u00f3lica a una<br>actuaci\u00f3n en\u00e9rgica por la defensa de sus intereses en la ense\u00f1anza privada y contra el<br>discurso demasiado laico que flotaba en el ambiente. Los resultados del Congreso no<br>fueron tal vez los esperados, la Iglesia a trav\u00e9s de sus delegados consigui\u00f3 una<br>participaci\u00f3n central en la elaboraci\u00f3n de los documentos finales.<br>Una de las propuestas m\u00e1s interesantes del proyecto renovador del radicalismo fue la<br>democratizaci\u00f3n sindical. Se apuntaba, fundamentalmente, a la libertad sindical y a la<br>inclusi\u00f3n de las minor\u00edas en los \u00f3rganos de conducci\u00f3n, al control de las elecciones por<br>el Estado y a la limitaci\u00f3n de la reelecci\u00f3n de los dirigentes. El proyecto de ley del<br>Ministro de Trabajo Antonio Mucci golpe\u00f3 en el coraz\u00f3n del poder gremial, por lo que<br>encontr\u00f3 cerradas resistencias. El proyecto fue aprobado en la c\u00e1mara de diputados y<br>rechazado por un voto en el senado, el de El\u00edas Sapag, el 15 de marzo de 1984. Esta fue<br>la primera derrota importante del radicalismo y se frustr\u00f3 la posibilidad de hacer<br>ingresar al sindicalismo en el proceso de democratizaci\u00f3n abierto en 1983. En abril de<br>ese a\u00f1o el ministro Mucci fue reemplazado por Juan Manuel Casella que llev\u00f3 adelante<br>una pol\u00edtica conciliadora con los sindicatos. No obstante, los enfrentamientos y las<br>tensiones con el gobierno de Alfons\u00edn no cesar\u00e1n. La CGT, unificada por Sa\u00fal Ubaldini<br>en enero de 1984, organiz\u00f3 trece paros nacionales. Finalmente, se sanciona la ley 23071<br>de reordenamiento sindical que imped\u00eda el control gubernamental de las elecciones y la<br>representaci\u00f3n de las minor\u00edas en los \u00f3rganos de conducci\u00f3n. La imposible<br>democratizaci\u00f3n sindical hab\u00eda llegado a su fin.<br>El proyecto inicial de Alfons\u00edn preve\u00eda tambi\u00e9n el impulso en la agenda p\u00fablica de un<br>acuerdo con los partidos pol\u00edticos y un acuerdo con los sectores econ\u00f3micos y<br>sindicales. En primer lugar, el Acta de Coincidencias Pol\u00edticas fue firmada con las<br>principales fuerzas de la oposici\u00f3n en el mes de junio de 1984. Sobre la base de un<br>n\u00facleo de coincidencias m\u00ednimas se buscaba fortalecer el sistema pol\u00edtico-institucional<br>para crear mejores condiciones en la dura tarea de la reconstrucci\u00f3n econ\u00f3mica. Detr\u00e1s<br>de esta propuesta aparec\u00edan las temores que generaban los eventuales problemas de<br>gobernabilidad. R\u00e1pidamente se vio la inviabilidad de este acuerdo. Su fracaso se debi\u00f3<br>principalmente a la debilidad y a la crisis interna del partido justicialista, que no hab\u00eda<br>superado a\u00fan su derrota electoral, y el creciente poder del sector gremial en la esfera<br>partidaria y pol\u00edtica, que no estaba muy dispuesto a los acuerdos. En segundo lugar, la<br>v\u00eda de la \u201cconcertaci\u00f3n\u201d con los sectores empresariales y sindicales fue la otra estrategia<br>dise\u00f1ada por Alfons\u00edn, que comenz\u00f3 a desarrollarse en el mes de agosto de 1984, pero<br>que cobro mayor impulso luego del fracaso del Acta de Coincidencias. En la<br>perspectiva del gobierno se vislumbraba un acuerdo semejante al Pacto de la Moncloa<br>firmado durante la transici\u00f3n espa\u00f1ola. Sin embargo, en la Argentina las cosas ser\u00edan a<br>11<br>este nivel muy diferentes. Por sus diferencias con el gobierno, la CGT realiz\u00f3 un paro<br>nacional en el mes de septiembre de 1984 y suspendi\u00f3 (durante una semana) su<br>participaci\u00f3n en la concertaci\u00f3n en enero de 1985. El poder sindical ampli\u00f3 sus alianzas<br>con la Iglesia y sectores empresariales para profundizar su pol\u00edtica de confrontaci\u00f3n con<br>el gobierno nacional. Entre la crisis econ\u00f3mica y la creciente inflaci\u00f3n fue<br>languideciendo la propuesta de concertaci\u00f3n que ya no interesaba a las entidades<br>empresarias ni a las sindicales. Ante el fracaso de la concertaci\u00f3n, el presidente<br>Alfons\u00edn cambiar\u00e1 de estrategia.<br>Sin duda, 1985 es el momento de inflexi\u00f3n de la pol\u00edtica radical. Tal vez se podr\u00eda<br>afirmar que es la marca del surgimiento del \u201calfonsinismo\u201d, es decir, de la producci\u00f3n<br>de un discurso renovador con propuestas de modernizaci\u00f3n social que se alejaba de las<br>concepciones tradicionales del partido centenario. M\u00e1s all\u00e1 de sus resultados finales,<br>tres hechos principales distinguen a este nuevo per\u00edodo que se clausura en 1987: el Plan<br>Austral, el Consejo para la Consolidaci\u00f3n de la Democracia y el discurso de Parque<br>Norte.<br>El punto nodal de la crisis que viv\u00eda la Argentina en los comienzos de la transici\u00f3n se<br>encontraba en la gravedad de la crisis econ\u00f3mica y en el problema de la deuda externa.<br>La respuesta antiinflacionaria de car\u00e1cter gradualista aplicada por el Ministro de<br>Econom\u00eda Bernardo Grinspun hab\u00eda resultado un rotundo fracaso. En febrero de 1985,<br>Grinspun fue reemplazado por Juan Sourrouille, quien puso en marcha un plan<br>econ\u00f3mico heterodoxo, elaborado bajo la m\u00e1s absoluta reserva sin conocimiento incluso<br>del partido radical, denominado Plan Austral, que entre otras medidas modifica el signo<br>monetario. Dado a conocer a mediados de junio, el plan fue muy bien recibido por el<br>conjunto de la poblaci\u00f3n. Los \u00e9xitos iniciales, al controlar la inflaci\u00f3n, contribuyeron a<br>que el radicalismo ganara las elecciones legislativas de noviembre de 1985, a pesar de<br>que perdiera 14 puntos desde las elecciones de 1983.<br>La reconstrucci\u00f3n de la democracia en una sociedad conflictiva como la nuestra<br>requer\u00eda, mucho m\u00e1s que en los pa\u00edses que disfrutan de un orden pol\u00edtico estable, de un<br>compromiso c\u00edvico tendiente a crear las condiciones para la estabilidad. Pero estas<br>condiciones no pueden ser forjadas solamente en los acuerdos pol\u00edticos expl\u00edcitos, sino<br>que tambi\u00e9n ellas deber\u00edan formarse en el espacio que se consiente a una mayor<br>participaci\u00f3n social. Desde este punto de vista no se ubic\u00f3 en la buena direcci\u00f3n el<br>discurso presidencial pronunciado en la Plaza de Mayo a fines de abril de 1985, cuando<br>se convoc\u00f3 oficialmente a la sociedad a la defensa de la democracia por las amenazas<br>golpistas. Alfons\u00edn dej\u00f3 pasar la oportunidad -lo que marcaba un cambio de etapa- de<br>crear un eje pol\u00edtico de unificaci\u00f3n nacional, en los hechos, alrededor de la defensa de la<br>democracia, por encima del apoyo a su gobierno. Por el contrario, anunci\u00f3 ante una<br>multitud integrada por radicales, sectores del peronismo, intransigentes, socialistas e<br>independientes, el inicio de una \u201ceconom\u00eda de guerra\u201d. Esta definici\u00f3n de austeridad que<br>apuntaba a controlar los gastos y frenar la inflaci\u00f3n pareci\u00f3 clausurar las posibilidades<br>de acuerdo social para encarar reformas profundas. Luego vendr\u00e1 la declaraci\u00f3n del<br>estado de sitio en octubre del mismo a\u00f1o por 60 d\u00edas ante la denuncia de campa\u00f1as<br>desestabilizantes, y m\u00e1s tarde el ascenso de dos oficiales detenidos y acusados, bajo esa<br>medida excepcional, de complotar contra el gobierno y la democracia, lo que fue un<br>nuevo motivo de decepci\u00f3n entre sectores del progresismo.<br>12<br>El Consejo para la Consolidaci\u00f3n de la Democracia fue creado por decreto presidencial<br>del 24 de diciembre de 1985, coordinado por el fil\u00f3sofo del derecho Carlos Nino e<br>integrado por juristas, pol\u00edticos y personalidades de actuaci\u00f3n en la vida nacional, con la<br>misi\u00f3n de elaborar un proyecto transformador fundado en la \u00e9tica de la solidaridad y en<br>la democracia participativa. El gobierno radical promov\u00eda la elaboraci\u00f3n de un proyecto<br>de reforma constitucional de car\u00e1cter semipresidencial que ir\u00eda a reemplazar al cl\u00e1sico<br>r\u00e9gimen presidencialista argentino. Los estudios preliminares, finalmente, no<br>concluyeron en acuerdos legislativos por la escasa aceptaci\u00f3n que tuvo la iniciativa<br>entre ciertos sectores del radicalismo y del peronismo.<br>Otro momento sobresaliente de este per\u00edodo fue el acercamiento de intelectuales<br>laicos y progresistas al Estado, en fuerte contraste con el momento de mayor<br>desconfianza que hubo hacia ellos impulsado por el r\u00e9gimen militar de 1976. Ra\u00fal<br>Alfons\u00edn convoc\u00f3 a un grupo de intelectuales, independientes y afiliados al partido<br>radical, a participar en la elaboraci\u00f3n de los textos presidenciales que iban a fijar los<br>grandes temas de la agenda pol\u00edtica. La convocatoria, que no exig\u00eda entonces la<br>afiliaci\u00f3n partidaria, modific\u00f3 el v\u00ednculo entre intelectuales y poder pol\u00edtico. La<br>producci\u00f3n m\u00e1s significativa de ese n\u00facleo de hombres de ideas, conocido como<br>\u201cGrupo Esmeralda\u201d, fue el Discurso de Parque Norte que Alfons\u00edn ley\u00f3 en el mes de<br>diciembre de 1985 ante el plenario de delegados al Comit\u00e9 Nacional de su partido. Los<br>grandes temas propuestos por el Presidente, la \u201cdemocracia participativa\u201d, la<br>\u201cmodernizaci\u00f3n\u201d, y la \u201c\u00e9tica de la solidaridad\u201d, marcaron un cambio de rumbo en el<br>discurso presidencial, a la vez que propon\u00eda una convocatoria a los actores de la<br>transici\u00f3n, por encima de los intereses del partido oficial.<br>La hiperinflaci\u00f3n y el retiro anticipado del gobierno<br>El \u00e9xito inicial del plan Austral le permiti\u00f3 al gobierno radical mantener la iniciativa<br>pol\u00edtica hasta 1987. A partir de entonces, debilitado por el deterioro de la econom\u00eda y<br>por el reducido apoyo social, ingres\u00f3 en un proceso de negociaci\u00f3n con los poderes<br>corporativos, econ\u00f3micos y sindicales, sin encontrar una alternativa viable a la gravedad<br>de la crisis econ\u00f3mica. Atr\u00e1s quedaban los impulsos de un proyecto modernizador que<br>hab\u00eda sido superado por la voracidad de la crisis y por la falta de apoyo. El gobierno de<br>Alfons\u00edn ingres\u00f3 en 1987 en un proceso progresivo de rigidez, del que no podr\u00e1 salir,<br>hasta llegar al descontrol provocado por situaciones hiperinflacionarias y anomicas, que<br>lo obligan a adelantar el traspaso del poder en 1989.<br>Las medidas de estabilizaci\u00f3n heterodoxas del plan Austral resultaron insuficientes<br>para resolver problemas estructurales. En febrero de 1986, el ministro Sourrouille<br>anunci\u00f3 la segunda etapa del plan Austral en la que propon\u00eda un paquete de medidas de<br>car\u00e1cter ortodoxo que estaba dirigido a la reforma del Estado y a la reducci\u00f3n del d\u00e9ficit<br>fiscal, al mismo tiempo que se apuntaba a la reconversi\u00f3n industrial y al aumento de las<br>exportaciones. A pesar de los esfuerzos gubernamentales, la inflaci\u00f3n sigui\u00f3 creciendo<br>junto con el malestar de los ciudadanos. En esta nueva etapa, Alfons\u00edn materializ\u00f3<br>sendos acuerdos con un sector del poder econ\u00f3mico, los denominados Capitanes de la<br>Industria, y con un sector del poder sindical, el Grupo de los 15. En efecto, a poco de<br>andar el plan Austral mostr\u00f3 sus l\u00edmites y evidenci\u00f3 la necesidad de su reformulaci\u00f3n,<br>lo que anim\u00f3 al gobierno radical a producir un giro en el marco de sus alianzas. La<br>nueva estrategia econ\u00f3mica requer\u00eda de otro tipo de acuerdos. Dicha reformulaci\u00f3n,<br>conocida en el mes de febrero de 1987, tuvo el prop\u00f3sito de liberalizar la econom\u00eda y<br>13<br>promover las exportaciones, medidas que ven\u00edan reclamando los Capitanes de la<br>Industria (entre otros, Gregorio P\u00e9rez Companc, Carlos Bulgheroni, Eduardo<br>Oxenford).<br>El nuevo marco de alianzas que defini\u00f3 el presidente Alfons\u00edn arrastr\u00f3 tambi\u00e9n al<br>partido radical. Los hombres de la Junta Coordinadora Nacional (la \u201cCoordinadora\u201d),<br>encabezados por Enrique Nosiglia, fueron desplazando en algunos lugares claves a los<br>sectores hist\u00f3ricos del radicalismo, incluso a los provenientes del propio movimiento de<br>Alfons\u00edn, el Movimiento de Renovaci\u00f3n y Cambio, para actuar como sost\u00e9n de la nueva<br>\u00e9poca. El acercamiento al Grupo de los 15 (opositor al secretario de la CGT, Sa\u00fal<br>Ubaldini) fue promovido por los propios dirigentes de la Coordinadora. As\u00ed, a fines de<br>marzo de 1987 fue designado ministro de trabajo Carlos Alderete, dirigente del gremio<br>de Luz y Fuerza, integrante del mencionado grupo. Atr\u00e1s hab\u00eda quedado la propuesta de<br>democratizaci\u00f3n del sindicalismo y las intenciones de frenar el poder de las<br>corporaciones. Como era de esperar, y m\u00e1s all\u00e1 de algunas diferencias, la CGT de<br>Ubaldini y las 62 Organizaciones dirigida por Lorenzo Miguel elogiaron la acci\u00f3n del<br>nuevo ministro de trabajo, poniendo de manifiesto la l\u00f3gica corporativa de los gremios.<br>De todas maneras, esto no impidi\u00f3 que Sa\u00fal Ubaldini estrechara sus alianzas con<br>Antonio Cafiero, l\u00edder del movimiento renovador en el peronismo y candidato a<br>gobernador de la provincia de Buenos Aires en las elecciones de septiembre de 1987. A<br>estas alturas, el peronismo pol\u00edtico parec\u00eda haber superado los efectos de la derrota<br>electoral de 1983, se reorganizaba como oposici\u00f3n desde la direcci\u00f3n renovadora de<br>Cafiero, recuperaba protagonismo en el interior de su propio partido, y se mostraba<br>como una alternativa de poder.<br>El a\u00f1o 1987 fue muy dif\u00edcil para el presidente Alfons\u00edn, y en buena medida traz\u00f3 una<br>frontera en su per\u00edodo de gobierno, al indicar un antes y un despu\u00e9s en t\u00e9rminos de<br>gesti\u00f3n. Debi\u00f3 enfrentar los sucesos de Semana Santa, el fracaso de la alianza con el<br>Grupo de los 15, el malestar de los grupos econ\u00f3micos, el descontrol de la inflaci\u00f3n, la<br>derrota electoral de septiembre, las resistencias en el interior de su partido y la p\u00e9rdida<br>de legitimidad de apoyo. En este universo complejo, las elecciones del mes septiembre<br>tuvieron un doble significado. Por un lado, la derrota electoral. El peronismo recuper\u00f3<br>su caudal electoral hist\u00f3rico, obtuvo el 41,48% de los votos, el control de 17 provincias<br>y logr\u00f3 la mayor\u00eda en la c\u00e1mara de diputados. El radicalismo s\u00f3lo triunf\u00f3 en la Capital<br>Federal, C\u00f3rdoba y R\u00edo Negro. El resto de las gobernaciones qued\u00f3 en manos de<br>partidos provinciales. Por el otro, la ruptura del marco de alianzas entablado con un<br>sector del sindicalismo y de los empresarios. Alderete renunci\u00f3 al ministerio de trabajo<br>y fue reemplazado por Ideler Tonelli. En el ministerio del interior fue designado<br>Enrique Nosiglia y en el ministerio de obras y servicios p\u00fablicos Rodolfo Terragno. La<br>gravedad de la crisis se revelaba igualmente en la p\u00e9rdida de liderazgo social de<br>Alfons\u00edn.<br>Inmediatamente vinieron las reformas al plan econ\u00f3mico luego de las cr\u00edticas de la<br>oposici\u00f3n y de dirigentes del partido radical, y la b\u00fasqueda de un pacto de<br>gobernabilidad con los partidos pol\u00edticos. La p\u00e9rdida de legitimidad del gobierno le<br>restaba fuerza y posibilidades para ordenar una situaci\u00f3n que se agravaba<br>progresivamente. En agosto de 1988 el presidente Alfons\u00edn puso en marcha el<br>denominado plan Primavera que pretend\u00eda impulsar las todav\u00eda pendientes reformas<br>estructurales. En el contexto de la crisis mundial, los gobiernos de los pa\u00edses<br>desarrollados y los organismos multilaterales de cr\u00e9dito recomendaban pol\u00edticas<br>14<br>p\u00fablicas semejantes: medidas de ajuste, control fiscal, promoci\u00f3n de las inversiones<br>extranjeras, la definici\u00f3n de un perfil productivo sobre la base de la especializaci\u00f3n y la<br>b\u00fasqueda incesante de integraci\u00f3n regional. Los organismos financieros internacionales<br>tambi\u00e9n dise\u00f1aron un modelo de gesti\u00f3n p\u00fablica. El Banco Mundial, en su Informe de<br>1988, recomendaba, como una v\u00eda de soluci\u00f3n para las econom\u00edas altamente<br>endeudadas de los pa\u00edses del Tercer Mundo, el cobro de los servicios de salud y<br>educaci\u00f3n universitaria que prestaba el sector p\u00fablico, as\u00ed como tambi\u00e9n el desarrollo de<br>una l\u00ednea de privatizaciones de las empresas estatales para mejorar la eficiencia de las<br>mismas y reducir la absorci\u00f3n de recursos fiscales. El debate ya se hab\u00eda instalado en la<br>Argentina, y uno de sus ejes principales era la dicotom\u00eda privatizaci\u00f3n\/estatizaci\u00f3n. Por<br>eso, Rodolfo Terrgano se convirti\u00f3 en el ministro m\u00e1s pol\u00e9mico de la administraci\u00f3n de<br>Alfons\u00edn con su moderada pol\u00edtica de privatizaciones, mientras los trabajadores estatales<br>se preparaban para luchar contra la \u201cola privatista\u201d que hab\u00eda irrumpido en el escenario<br>argentino.<br>El a\u00f1o 1989 tuvo un mal comienzo para el gobierno radical. A fines del mes de enero<br>el pa\u00eds se vio sacudido por la acci\u00f3n terrorista del grupo denominado \u201cMovimiento<br>Todos por la Patria\u201d que atac\u00f3 un cuartel militar en La Tablada, en Buenos Aires, que<br>dej\u00f3 un saldo de 28 muertos entre sus integrantes. En el mes de febrero un colapso<br>econ\u00f3mico puso fin al plan Primavera y a los intentos de privatizaci\u00f3n, derivando en la<br>crisis final del gobierno de Alfons\u00edn. Lo que sigui\u00f3 despu\u00e9s fue el descontrol financiero<br>y monetario. El 30 de marzo de 1989 el candidato presidencial de la uni\u00f3n c\u00edvica<br>radical, Eduardo Angeloz, exigi\u00f3 la renuncia del ministro Sourrouille con la intenci\u00f3n<br>de separarse del fracaso de la pol\u00edtica econ\u00f3mica del gobierno. Juan Carlos Pugliese le<br>sucedi\u00f3 en el cargo, quien fue reemplazado al poco tiempo por Jes\u00fas Rodr\u00edguez. Las<br>elecciones presidenciales tuvieron lugar el 14 de mayo en medio de un clima de alta<br>inflaci\u00f3n, y el vencedor fue el candidato justicialista, Carlos Menem. La crisis<br>econ\u00f3mica encontr\u00f3 finalmente su m\u00e1s alta expresi\u00f3n en el colapso hiperinflacionario<br>de fines de mayo: especulaci\u00f3n financiera, corridas bancarias, estallidos sociales. Ante<br>el descontrol de la econom\u00eda y frente a la crisis de confianza en la moneda nacional, el<br>d\u00f3lar termin\u00f3 gobernando la sociedad. Sin autoridad pol\u00edtica capaz de controlar el<br>desorden, el presidente Alfons\u00edn renunci\u00f3 a su cargo el 8 de julio de 1989, seis meses<br>antes de que venciera el mandato constitucional.<br>Con todo, el legado principal del gobierno de Alfons\u00edn ser\u00e1 el respeto a la ley y a las<br>instituciones que transfirieron pac\u00edficamente el poder. A la vez, una decisi\u00f3n que dej\u00f3<br>una impronta en su gobierno fue el hist\u00f3rico juicio a las Juntas Militares. En ese<br>per\u00edodo, atravesado por sublevaciones militares y situaciones hiperinflacionarias, los<br>ciudadanos y dirigentes demostraron su apego a los valores de la vida democr\u00e1tica. Pero<br>en el transcurso de su mandato, Alfons\u00edn dej\u00f3 sin resolver dos temas centrales para la<br>estabilidad de la democracia: la subordinaci\u00f3n total de las fuerzas armadas al poder<br>civil, por lo cual qued\u00f3 inconclusa la transici\u00f3n pol\u00edtica, y las reformas estructurales de<br>la econom\u00eda. De esas tareas se encargar\u00e1 su sucesor en fiel sinton\u00eda con el clima de<br>\u00e9poca.<br>El gobierno de Menem<br>La adecuaci\u00f3n a los cambios de \u00e9poca<br>Carlos Menem triunf\u00f3 en las elecciones del 14 de mayo de 1989 con el 47,3% de los<br>votos frente a su rival del radicalismo Eduardo Angeloz que obtuvo el 32,4%. Mientras<br>15<br>el candidato radical hizo gala en su campa\u00f1a de la racionalidad econ\u00f3mica, el candidato<br>justicialista enarbol\u00f3 banderas de corte populista, que inmediatamente dej\u00f3 a un lado,<br>para aplicar desde el primer d\u00eda de la funci\u00f3n p\u00fablica un programa de signo opuesto. No<br>hubo aqu\u00ed ning\u00fan intento por sostener el discurso de campa\u00f1a, sino una adecuaci\u00f3n al<br>proceso de globalizaci\u00f3n. La Argentina conoci\u00f3 as\u00ed una situaci\u00f3n in\u00e9dita. Fue el<br>liberalismo econ\u00f3mico el que proporcion\u00f3 a un gobierno peronista el contenido de las<br>pol\u00edticas p\u00fablicas orientadas a la resoluci\u00f3n de la crisis, con la firme decisi\u00f3n de<br>adaptarse a los cambios de \u00e9poca.<br>El replanteo de un nuevo pa\u00eds no obedeci\u00f3 tanto a la inspiraci\u00f3n de un preclaro grupo<br>de hombres pol\u00edticos como a la vulnerabilidad de una sociedad que recibi\u00f3 el impacto<br>de un peculiar contexto internacional, que fue al mismo tiempo fuente de motivaci\u00f3n y<br>condicionamiento. Se trat\u00f3, m\u00e1s bien, de una adaptaci\u00f3n a las nuevas exigencias del<br>mercado internacional para crear condiciones de desarrollo en un sistema integrado de<br>producci\u00f3n transnacional. El fin de la guerra fr\u00eda hab\u00eda acentuado la tendencia a la<br>globalizaci\u00f3n de la econom\u00eda y ante un nuevo orden internacional -cada vez m\u00e1s<br>exigente de estructuras competitivas a nivel de pa\u00edses y de empresas- el crecimiento<br>depender\u00eda, seg\u00fan el discurso neoliberal, de la capacidad que tuviera la Argentina para<br>participar en un sistema de acumulaci\u00f3n incontestablemente mundial.<br>El establishment argentino encontr\u00f3 en el gobierno de Carlos Menem una opci\u00f3n<br>pragm\u00e1tica frente a la gravedad de la crisis. En tres horizontes simult\u00e1neos se<br>proyectaron los objetivos del programa neoliberal que instal\u00f3 una econom\u00eda de<br>mercado: la liberalizaci\u00f3n de la econom\u00eda (apertura comercial y libre circulaci\u00f3n de<br>capital), la reforma del Estado (privatizaciones de las empresas p\u00fablicas), y la<br>desregulaci\u00f3n de los mercados (m\u00ednima intervenci\u00f3n econ\u00f3mica del Estado). El<br>diagn\u00f3stico neoliberal dominante en el mundo desde el comienzo de a\u00f1os ochenta,<br>representado por el gobierno de Margaret Thatcher en Inglaterra y la administraci\u00f3n del<br>presidente Reagan en Estados Unidos, adquiri\u00f3 diferentes manifestaciones nacionales.<br>Sin embargo, con mayor o menor \u00e9nfasis en las argumentaciones, con diferencias<br>pr\u00e1cticas y conceptuales, existi\u00f3 un com\u00fan denominador en la caracterizaci\u00f3n de la<br>resoluci\u00f3n de una crisis juzgada como universal: la apertura econ\u00f3mica, las<br>privatizaciones, las desregulaciones y el equilibrio fiscal.<br>Una sociedad perpleja observaba el impulso dado por el peronismo -de la mano de<br>un ejecutivo de la empresa Bunge y Born (N\u00e9stor Rapanelli, designado ministro de<br>econom\u00eda) y de la alianza con el partido Uni\u00f3n del Centro Democr\u00e1tico, liderado por<br>Alvaro Alsogaray- a un proyecto de transformaci\u00f3n del Estado intervencionista. El<br>mismo partido que en la d\u00e9cada del cuarenta hab\u00eda contribuido, enarbolando la bandera<br>de la soberan\u00eda nacional, a renovar el Estado (convirti\u00e9ndolo en empresario, ampliando<br>sus funciones y competencias) comenzaba en julio de 1989 a desmantelarlo. El rumbo<br>elegido estaba se\u00f1alado por las privatizaciones y las desregulaciones. Parad\u00f3jicamente,<br>el presidente Menem, acompa\u00f1ado por el s\u00edmbolo del antiperonismo (Bunge y Born y la<br>familia Alsogaray) lider\u00f3 una nueva convergencia pol\u00edtica con el apoyo de los grandes<br>empresarios, la opini\u00f3n de los economistas liberales, los partidos conservadores, el<br>sector mayoritario del sindicalismo, la iglesia tradicional y los medios de comunicaci\u00f3n<br>m\u00e1s importantes. El s\u00edntoma de los nuevos tiempos, reflejado en la desconfianza del<br>Estado y en el avance de las reglas del mercado, penetraba masivamente en el equipo<br>gobernante y dejaba inevitablemente sus huellas. Un proceso irreversible hab\u00eda tenido<br>comienzo en el pa\u00eds.<br>16<br>En un principio, el cambio de signo del partido gobernante hizo creer a analistas y<br>observadores en la apertura de un proceso de defraudaci\u00f3n pol\u00edtica en el interior del<br>peronismo. El cambio brusco de las convicciones presidenciales no encontraba<br>justificaci\u00f3n en una franja importante de ciudadanos que abri\u00f3 sus esperanzas en la<br>reactivaci\u00f3n del mercado interno, en el Estado distribucionista y en las promesas<br>electorales de la \u201crevoluci\u00f3n productiva\u201d. Antes que en la sociedad, el desconcierto y el<br>fastidio se instal\u00f3 en un amplio sector del justicialismo. Es cierto, el programa electoral<br>no fue tenido en cuenta, pero adem\u00e1s el gobierno nacional gan\u00f3 elecciones y recogi\u00f3 el<br>apoyo de una amplia mayor\u00eda de divergentes estratos sociales, a pesar del ajuste<br>estructural que aplicar\u00e1 poco despu\u00e9s. Se conquistaron m\u00e1s votos por la efectiva<br>garant\u00eda de la estabilidad monetaria y el equilibrio macroecon\u00f3mico que por la promesa<br>de la ampliaci\u00f3n del gasto p\u00fablico social.<br>El presidente Menem construy\u00f3 un nuevo consenso social en torno a las reformas<br>estructurales y a la salida de la crisis. El apoyo inicial provino de algunos sectores de su<br>partido y de la derecha conservadora, as\u00ed como tambi\u00e9n de los factores reales de poder.<br>De manera progresiva fue creciendo la disposici\u00f3n de la sociedad a confiar en las<br>respuestas del nuevo gobierno. Sin embargo, un sector del justicialismo ofreci\u00f3<br>resistencia a las anunciadas medidas de ajuste, en cambio el radicalismo, que reun\u00eda la<br>mayor\u00eda en la c\u00e1mara legislativa hasta el 10 de diciembre de 1989, no obstaculiz\u00f3 la<br>aprobaci\u00f3n de las leyes de emergencia. Con los cambios econ\u00f3micos en cierne,<br>comenzaba la segunda fase del proceso de transici\u00f3n, aunque a\u00fan se deb\u00eda completar la<br>transici\u00f3n pol\u00edtica.<br>La culminaci\u00f3n de la transici\u00f3n pol\u00edtica<br>Como se dijo, las tareas inconclusas fueron encaradas por el presidente Menem, en la<br>segunda fase del proceso de transici\u00f3n. La subordinaci\u00f3n del poder militar al civil era<br>una condici\u00f3n necesaria para completar el proceso de transici\u00f3n pol\u00edtica. As\u00ed, el<br>problema pol\u00edtico fue resuelto r\u00e1pidamente mediante un doble juego de indultos. En<br>primer lugar, los que se conocieron el 7 de octubre de 1989 (que benefici\u00f3 a militares<br>comprometidos en la violaci\u00f3n de derechos humanos, en las rebeliones durante el<br>gobierno radical, en la guerra de Malvinas, y a guerrilleros) y, en segundo lugar, los<br>que se anunciaron el 29 de diciembre de 1990 (que liberaron a los Comandantes y a<br>otros militares). De esta manera, se cerr\u00f3 el ciclo de las sublevaciones militares y se<br>clausur\u00f3 la posibilidad de proseguir con los juicios y de mantener en firme las<br>sentencias condenatorias de los responsables de la violaci\u00f3n de los derechos humanos.<br>De aqu\u00ed en m\u00e1s sobreviene la tranquilidad en el campo militar. En consecuencia, antes<br>de resolver la transici\u00f3n econ\u00f3mica, Carlos Menem completa la transici\u00f3n pol\u00edtica.<br>En cambio, el problema econ\u00f3mico demand\u00f3 un severo proceso de ajuste estructural y<br>de restructuraci\u00f3n del Estado, medidas que se prolongaron en el tiempo. Aunque la<br>cuesti\u00f3n econ\u00f3mica fue resuelta con \u00e9xito desde el punto de vista de la estabilidad<br>monetaria, surgieron, como se ver\u00e1 m\u00e1s adelante, otros problemas derivados de la<br>pol\u00edtica econ\u00f3mica neoliberal y de un estilo pol\u00edtico poco respetuoso de la divisi\u00f3n de<br>poderes y de la \u00e9tica p\u00fablica.<br>Antes de asumir las tareas de gobierno, Carlos Menem consider\u00f3 indispensable la<br>culminaci\u00f3n del proceso de transici\u00f3n pol\u00edtica, como paso previo para la consolidaci\u00f3n<br>17<br>de la democracia. En este sentido, defini\u00f3 una clara estrategia conducente a la meta<br>deseada, en la medida que no se pod\u00eda pensar en consolidar la democracia si no se<br>completaba el proceso de transici\u00f3n. Se impon\u00eda, sin duda, una reformulaci\u00f3n de las<br>relaciones entre el poder civil y el militar. La completud o incompletud de la transici\u00f3n<br>pol\u00edtica depend\u00eda tanto de la instalaci\u00f3n de las instituciones democr\u00e1ticas b\u00e1sicas<br>(elecciones competitivas, libres y limpias) como del control civil sobre los militares. Sin<br>esas dos condiciones m\u00ednimas no se puede hablar de una transici\u00f3n democr\u00e1tica<br>completa.<br>Para poder explicar la estrategia pol\u00edtica del presidente Menem en esa materia, es<br>conveniente recordar brevemente la denominada \u201ccuesti\u00f3n militar\u201d, la compleja relaci\u00f3n<br>entre el poder civil y las Fuerzas Armadas, derivada del primer tramo de la transici\u00f3n<br>democr\u00e1tica. La cuesti\u00f3n militar presentaba dos frentes de conflicto. En primer lugar,<br>los juicios y condenas por las violaciones de los derechos humanos cometidas durante la<br>dictadura de 1976 y, en segundo lugar, las insurrecciones de un sector del Ej\u00e9rcito<br>producidas durante el per\u00edodo democr\u00e1tico que transcurre entre 1987 y 1988. El<br>problema militar ahora es doble: mientras se discute los alcances de la sanci\u00f3n a los<br>responsables por la violaci\u00f3n a los derechos humanos, se debate igualmente acerca de la<br>responsabilidad de los participantes en las rebeliones carapintadas. Por un lado, los<br>juicios por el accionar represivo y, por el otro, la responsabilidad por la ruptura de la<br>cadena de mandos en el Ej\u00e9rcito. En el primer supuesto, las Fuerzas Armadas en su<br>conjunto se ve\u00edan involucradas y afectadas por el resultado de los juicios. La demanda<br>de impunidad permanecer\u00e1 como un factor aglutinante y cohesionador de la instituci\u00f3n<br>militar por encima de los clivajes internos. Hay aqu\u00ed una lealtad corporativa que se<br>enhebra en torno a esa demanda. En el segundo supuesto, aunque los insurrectos<br>reivindicaban el accionar represivo de la dictadura y reclamaban una sentencia de<br>impunidad por lo actuado frente a la subversi\u00f3n, es el Estado Mayor del Ej\u00e9rcito el que<br>se ve\u00eda principalmente afectado por la ruptura de la cadena de mandos. No obstante, las<br>sublevaciones inquietaban igualmente al resto del cuerpo militar, por lo que ellas<br>representaban en una instituci\u00f3n absolutamente vertical y extremadamente jer\u00e1rquica,<br>donde las \u00f3rdenes no se discuten, s\u00f3lo se acatan. El futuro del Ej\u00e9rcito fue puesto en<br>peligro por el accionar rebelde de los carapintadas, accionar que abre un campo de<br>conflicto en el interior de la instituci\u00f3n y genera un enfrentamiento con el Estado Mayor<br>del Ej\u00e9rcito.<br>Con la frustrado rebeli\u00f3n militar del 3 de diciembre de 1990 se cerr\u00f3 definitivamente<br>el ciclo de las sublevaciones carapintadas iniciado en 1987 por un sector disidente del<br>Ej\u00e9rcito. El conjunto de las Fuerzas Armadas, no enrolado en el episodio rebelde, no<br>vacil\u00f3 esta vez en reprimir dr\u00e1sticamente. Sobresalen aqu\u00ed algunas diferencias con<br>respecto a las anteriores insurrecciones. Se trat\u00f3, en primer lugar, de un verdadero<br>intento de golpe de Estado: los rebeldes contaban con un \u201cestatuto constitucional\u201d de<br>461 art\u00edculos que inclu\u00eda el organigrama del gobierno, dispon\u00edan de un programa<br>econ\u00f3mico y contaban con un reducido apoyo civil. En segundo lugar, los sediciosos<br>pudieron ser reprimidos por las fuerzas leales al gobierno, cuando se ten\u00eda la certeza del<br>indulto presidencial, lo que marca una importante diferencia con relaci\u00f3n a las tres<br>insurrecciones que sufri\u00f3 el gobierno radical.<br>Cuando a\u00fan sonaban los ecos de este alzamiento fueron liberados los ex militares<br>Jorge Videla, Emilio Massera, Roberto Viola, Ram\u00f3n Camps, Guillermo Suarez Mason<br>y otros condenados y procesados por cr\u00edmenes de lesa humanidad durante la \u00faltima<br>18<br>dictadura, junto al ex l\u00edder montonero Mario Firmenich, mediante el indulto<br>presidencial del 29 de diciembre de 1990.<br>Sin duda, la decisi\u00f3n del gobierno nacional de indultar a los responsables del r\u00e9gimen<br>militar de 1976 no puede borrar de la historia ni de la memoria de los argentinos los<br>acontecimientos que los tuvieron como protagonistas. No obstante, se corre el riesgo de<br>que los ciudadanos pierdan confianza en los dos pilares b\u00e1sicos del Estado de derecho:<br>la justicia y la ley. Tampoco fue tenida en cuenta por este acto de realismo pol\u00edtico la<br>opini\u00f3n contraria de la poblaci\u00f3n al perd\u00f3n presidencial, que levant\u00f3 su voz en las<br>concentraciones masivas que tuvieron lugar en todo el pa\u00eds, con el fin de condenar la<br>arbitrariedad de una medida que lesionaba la dignidad humana. Mientras tanto, y como<br>una burla al decoro de la sociedad, el ex presidente de facto Videla exig\u00eda en un<br>documento, al d\u00eda siguiente de ser indultado, el \u201cpleno desagravio institucional\u201d para<br>las Fuerzas Armadas. Dos a\u00f1os m\u00e1s tarde, el presidente Menem reivindicaba<br>\u201cintegralmente\u201d la lucha de las Fuerzas Armadas contra la subversi\u00f3n.<br>Con la pol\u00edtica de los indultos, al final de cuatro insurrecciones, qued\u00f3 definitivamente<br>resuelta la subordinaci\u00f3n de las Fuerzas Armadas al poder civil. El grave problema de<br>los derechos humanos, as\u00ed como tambi\u00e9n la insubordinaci\u00f3n al poder civil de un sector<br>del Ej\u00e9rcito, estuvo encerrada en la exasperante tensi\u00f3n entre la justicia y la pol\u00edtica.<br>Desde la acci\u00f3n del realismo pol\u00edtico del gobierno de Menem la estrategia de los<br>indultos iba a clausurar la era de la insubordinaci\u00f3n de los militares al poder civil.<br>Desde este punto de vista, los indultos no fueron vistos como una traici\u00f3n \u00e9tica sino<br>como un recurso ineludible para completar la transici\u00f3n pol\u00edtica.<br>En una se\u00f1al del posible cambio hist\u00f3rico de la relaci\u00f3n de las Fuerzas Armadas con la<br>sociedad, se conoci\u00f3 en el mes de abril de 1995 la autocr\u00edtica del general Mart\u00edn Balza.<br>A la autocr\u00edtica del ej\u00e9rcito, del 25 de abril, le sigui\u00f3 el mensaje de la armada y el de la<br>fuerza a\u00e9rea. Sin duda, la que asume el general Balza es la que rompe con un silencio<br>herm\u00e9tico de a\u00f1os de protecci\u00f3n de los cr\u00edmenes. La palabra del jefe del ej\u00e9rcito que<br>puso el acento en el reconocimiento de las atrocidades cometidas produce un giro en el<br>tratamiento del tema de los derechos humanos al romper con las posiciones<br>tradicionales de las Fuerzas Armadas fijadas en sus documentos y discursos. Dec\u00eda<br>Balza: 1) el ej\u00e9rcito no enfrenta \u201cdesde la ley plena\u201d al terrorismo; 2) la tortura y el<br>asesinato fueron m\u00e9todos ileg\u00edtimos de represi\u00f3n utilizados; 3) fue un error la toma del<br>poder en 1976. Asimismo, toma distancia del principio de obediencia debida, base de la<br>ley sancionada durante la democracia: \u201cnadie est\u00e1 obligado a cumplir una orden inmoral<br>o que se aparte de las leyes y reglamentos militares\u201d.<br>La emergencia y los poderes excepcionales<br>Carlos Menem asumi\u00f3 el gobierno en medio de una alocada carrera de precios, que<br>creaba condiciones totalmente dif\u00edciles para el comienzo de cualquier gobernante. Esa<br>escalada era representativa de la especial situaci\u00f3n en la que se viv\u00eda con las incesantes<br>remarcaciones de precios. Un fastidio generalizado, por la continuidad de las altas tasas<br>de inflaci\u00f3n y la incertidumbre que \u00e9sta generaba en el valor de las mercanc\u00edas, se<br>exteriorizaba en la sociedad. El descontrol de la econom\u00eda y la hiperinflaci\u00f3n hab\u00edan<br>borrado toda referencia del valor real de la moneda y hab\u00edan recortado sensiblemente el<br>rol de la autoridad pol\u00edtica, por lo que la estabilidad de la econom\u00eda pas\u00f3 a ser un<br>objetivo fuertemente deseado en el camino de la resoluci\u00f3n de la crisis.<br>19<br>En buena medida, el colapso hiperinflacionario de 1989 resumi\u00f3 d\u00e9cadas de alta<br>inflaci\u00f3n y situaciones de devaluaci\u00f3n permanente vividas por la econom\u00eda argentina.<br>La devaluaci\u00f3n y la hiperinflaci\u00f3n expresan la p\u00e9rdida de confianza en la moneda. El<br>descontrol monetario, el colapso fiscal y los estallidos sociales estuvieron en la base de<br>la declaraci\u00f3n de la situaci\u00f3n de emergencia. En ese contexto, el presidente Menem no<br>ten\u00eda m\u00e1s alternativa que recuperar la credibilidad de la autoridad p\u00fablica para hacer<br>frente a los inconvenientes de la ingobernabilidad econ\u00f3mica. Por eso, el gobierno de<br>crisis que naci\u00f3 en 1989 deb\u00eda resolver dos graves problemas para poder disipar un<br>escenario de alto riesgo: la debilidad de la autoridad pol\u00edtica y la p\u00e9rdida de legitimidad<br>de la moneda. La respuesta del presidente Menem ser\u00e1 la exigencia de poderes<br>excepcionales y la sanci\u00f3n de la ley de convertibilidad.<br>Las reformas estructurales llevadas adelante por el gobierno justicialista se efectuaron<br>bajo el signo de la emergencia y ofrecieron una salida a la crisis a trav\u00e9s de la<br>estabilizaci\u00f3n de la econom\u00eda. En este sentido, la transici\u00f3n econ\u00f3mica fue el paso de<br>una econom\u00eda dirigida a una econom\u00eda de mercado, que implic\u00f3 un cambio de matriz<br>econ\u00f3mica. Lo que llev\u00f3 al gobierno a reclamar abiertamente los poderes excepcionales<br>no fue tanto la alteraci\u00f3n del orden p\u00fablico -ocasionados por los estallidos sociales de<br>1989- cuanto la urgente necesidad de producir cambios econ\u00f3micos sustanciales. El<br>Congreso de la Naci\u00f3n mediante la figura de la delegaci\u00f3n legislativa (las leyes de<br>Emergencia Econ\u00f3mica y Social y de Reforma del Estado de 1989\/1990) transfiri\u00f3<br>atribuciones y competencias al poder ejecutivo para encarar las innovaciones en la<br>econom\u00eda y la reforma del Estado. Estos poderes excepcionales, que se unieron a la<br>pr\u00e1ctica de los decretos de necesidad y urgencia y al veto parcial, ampliaron la esfera de<br>acci\u00f3n del Presidente y le otorgaron facultades legislativas directas para ejecutar las<br>reformas propuestas. Estos poderes excepcionales del Presidente fueron incorporados a<br>la texto constitucional con la reforma de 1994. En definitiva, la fuerte autoridad del<br>presidente Menem naci\u00f3 de la emergencia hiperinflacionaria de 1989\/1990.<br>En medio del desorden econ\u00f3mico y financiero, se destruyeron las reglas b\u00e1sicas de la<br>econom\u00eda, por lo cual la moneda nacional perdi\u00f3 el car\u00e1cter de unidad estable de<br>referencia y fue reemplazada por el recurso del d\u00f3lar. La crisis de confianza en la<br>moneda gener\u00f3 el p\u00e1nico financiero y las corridas bancarias y el gran objetivo de<br>Menem fue restaurar la confianza en la moneda (en base a la paridad peso-d\u00f3lar) y<br>poner fin, por este medio, al descontrol econ\u00f3mico.<br>Con la llegada de Domingo Caballo al ministerio de econom\u00eda en 1991, comenz\u00f3 una<br>nueva etapa en la Argentina con la implementaci\u00f3n de reformas estructurales, por<br>ejemplo con la sanci\u00f3n de la ley de convertibilidad. Con este r\u00e9gimen se estipul\u00f3 un<br>sistema monetario con una tasa de cambio fija que estableci\u00f3 la paridad, uno a uno, del<br>peso con el d\u00f3lar. Se exigi\u00f3 igualmente que el Banco Central mantuviera reservas en<br>divisas que totalizaran el 100% de la base monetaria interna y se prohibi\u00f3, por ende, la<br>emisi\u00f3n de moneda sin respaldo en divisas, poni\u00e9ndose fin a una las fuentes abusivas de<br>financiamiento del Estado. Al mismo tiempo, se erradicaron los mecanismos<br>indexatorios que por largos a\u00f1os actualizaron los precios. Para algunos autores, la<br>convertibilidad y la autonom\u00eda del Banco Central formaron parte de aquellas reformas.<br>Fue necesaria la potencia de la convertibilidad para estabilizar la moneda y los precios,<br>y as\u00ed ubicar las reformas estructurales en curso en un nuevo r\u00e9gimen de funcionamiento.<br>20<br>Al restablecer la confianza en la moneda, la convertibilidad redujo la inflaci\u00f3n y<br>restaur\u00f3 la estabilidad macroecon\u00f3mica. Una vez que la hiperinflaci\u00f3n fue controlada<br>desapareci\u00f3 la causa principal del desconcierto, el miedo y el des\u00e1nimo de los<br>ciudadanos y la estabilidad de la moneda se convirti\u00f3 progresivamente en el nuevo valor<br>a respetar y defender. El \u00e9xito del plan de convertibilidad fue haber terminado con la<br>Argentina inflacionaria; en esto reside la reforma estructural. En los casos de p\u00e1nico<br>financiero y bancario, la estabilidad de la moneda puede ser un medio para contener la<br>violencia y la descomposici\u00f3n social. Pareciera que ese fue el resultado obtenido con la<br>ley de convertibilidad de 1991.<br>Lo que ha demostrado la transici\u00f3n argentina es que la estabilidad de la moneda<br>contribuyo al proceso de consolidaci\u00f3n de la democracia en la d\u00e9cada del noventa. La<br>moneda, junto al Estado y la solidaridad, es un elemento de cohesi\u00f3n social, y es fuente<br>de seguridad. En ese momento, la moneda tuvo claras capacidades institucionalizantes;<br>fue un pilar de la democracia en la medida que form\u00f3 parte de la integridad del orden<br>social. Conviene subrayar, que el potencial democratizador se coloca en la estabilidad<br>de la moneda y no en el supuesto institucionalizante de los mecanismos de mercado. En<br>la experiencia argentina, despu\u00e9s de un duro proceso de aprendizaje la estabilidad de la<br>moneda se convirti\u00f3 en el nuevo valor que la sociedad defiende.<br>Con todo, una vez que se orden\u00f3 la econom\u00eda con el plan de convertibilidad y se<br>asegur\u00f3 la previsibilidad financiera, surgieron otros desaf\u00edos vinculados al crecimiento<br>sostenido, la p\u00e9rdida de competitividad comercial, el d\u00e9ficit fiscal y el alto desempleo<br>que r\u00e1pidamente pusieron de manifiesto los l\u00edmites de la convertibilidad. A principios<br>de 1995 se hicieron evidentes los aspectos negativos de la convertibilidad, luego de la<br>crisis mexicana que llev\u00f3 a ese pa\u00eds a abandonar la tasa de cambio fija. Numerosos<br>autores han se\u00f1alado que el d\u00e9ficit fiscal fue funcional al sostenimiento de la<br>convertibilidad, y la colocaci\u00f3n de la deuda p\u00fablica externa financi\u00f3 el desequilibrio<br>fiscal. El rendimiento del plan de convertibilidad en lo relativo al crecimiento dependi\u00f3<br>de los pr\u00e9stamos externos, por lo que el \u00e9xito inicial de la estabilidad macroecon\u00f3mica<br>se oscureci\u00f3 por la dificultad de mejorar la competitividad de la econom\u00eda.<br>La reforma del Estado<br>Se pueden considerar dos etapas en el proceso de reformas estructurales<br>implementado por Menem. La primera, que transcurri\u00f3 entre 1989 y 1996, est\u00e1<br>orientada a obtener el equilibrio de las variables macroecon\u00f3micas, a poner fin al<br>proteccionismo, a desregular los mercados y reducir el tama\u00f1o del Estado. El sistema de<br>convertibilidad, las privatizaciones y la caducidad de los reg\u00edmenes de promoci\u00f3n<br>industrial fueron la expresi\u00f3n m\u00e1s elocuente de las principales reformas estructurales<br>llevadas a cabo en esa etapa. Entraron en vigencia las denominadas \u201creformas de<br>primera generaci\u00f3n\u201d. La segunda etapa, comenz\u00f3 en 1996 y finaliz\u00f3 con el mandato de<br>Menem a fines de 1999. El prop\u00f3sito principal fue el de completar la primera etapa,<br>concluyendo con las privatizaciones perif\u00e9ricas, la creaci\u00f3n de un fondo de reconversi\u00f3n<br>laboral para los empleados p\u00fablicos y la concreci\u00f3n de dos reformas de fondo a\u00fan<br>pendientes: la desregulaci\u00f3n laboral y la desregulaci\u00f3n del sistema de salud. Quedaron,<br>entonces, pendientes las \u201creformas de segunda generaci\u00f3n\u201d dirigidas a modernizar el<br>Estado, a mejorar sus capacidades, y aumentar la competitividad del sector privado.<\/p>\n\n\n\n<p>21<br>En definitiva, las privatizaciones fueron el eje de la pol\u00edtica neoliberal en Argentina y<br>la reforma del Estado tuvo un claro sentido fiscal. La tarea del gobierno de Menem se<br>redujo en este tema a la desestatizaci\u00f3n, a terminar con la propiedad directa del Estado,<br>a delegar tareas y responsabilidades p\u00fablicas en empresas privadas, sin definir una<br>pol\u00edtica de privatizaciones que fuera m\u00e1s all\u00e1 de la reducci\u00f3n del d\u00e9ficit fiscal y la<br>b\u00fasqueda del equilibrio macroecon\u00f3mico. No se trataba s\u00f3lo de la venta de stock de<br>bienes p\u00fablicos, como el plato fuerte del banquete de las ganancias privadas, sino de<br>definir un modelo de privatizaciones mediante el cual el Estado impulsara una pol\u00edtica<br>que convertir\u00eda a las privatizaciones en el elemento esencial de una estrategia de<br>reforma de largo plazo. En esa estrategia se deber\u00eda haber discernido qu\u00e9 tareas p\u00fablicas<br>pod\u00edan delegarse con \u00e9xito al sector privado y cu\u00e1les deber\u00eda haber retenido<br>razonablemente el Estado. Por el contrario, el proceso de privatizaci\u00f3n en Argentina se<br>destac\u00f3 por su ritmo vertiginoso, su car\u00e1cter integral e indiscriminado, es decir, por la<br>ausencia de una pol\u00edtica gradualista. En suma, fueron tres las medidas adoptadas en el<br>proceso de desestatizaci\u00f3n que anim\u00f3 la transici\u00f3n entre un tipo de Estado<br>intervencionista y otro de corte liberal: 1) la reducci\u00f3n del d\u00e9ficit fiscal;2) el abandono<br>estatal de funciones productivas y de prestaci\u00f3n de servicios p\u00fablicos, 3) la<br>transferencia de esas funciones y servicios al sector privado, las provincias y los<br>municipios (salud y educaci\u00f3n). Se comenz\u00f3 a vender r\u00e1pidamente los activos p\u00fablicos<br>sin la definici\u00f3n de una estrategia de desarrollo y sin un dise\u00f1o de la inserci\u00f3n<br>competitiva de la econom\u00eda argentina en el mercado mundial, y sin un efectivo control<br>posprivatizador. Otro rasgo notable de este proceso fue la poca transparencia en la venta<br>de los activos p\u00fablicos, que gener\u00f3 de inmediato sospechas colectivas de corrupci\u00f3n.<br>M\u00e1s all\u00e1 del \u00e9xito de la misma, la reforma del Estado se apoy\u00f3 en cuatro soportes<br>b\u00e1sicos: las privatizaciones (tanto de empresas productivas como de servicios, Somisa,<br>Petroqu\u00edmica, YPF, Obras Sanitarias, Gas del Estado, Telecomunicaciones,<br>Ferrocarriles, etc.), las desregulaciones (se busc\u00f3 el libre funcionamiento, entre otros,<br>del mercado cambiario, del mercado de trabajo, del mercado de capitales, del sistema de<br>precios, del comercio exterior), la reforma administrativa (la reducci\u00f3n del personal<br>p\u00fablico, la creaci\u00f3n del Sistema Nacional de la Profesi\u00f3n Administrativa, entre otras<br>medidas), la descentralizaci\u00f3n de servicios ( se transfiri\u00f3 en 1992 los servicios de salud<br>y educaci\u00f3n a las provincias y a la municipalidad de Buenos Aires).<br>\u00bfC\u00f3mo reaccion\u00f3 la sociedad frente al programa de reforma? A pesar de las<br>oposiciones, en particular de los empleados p\u00fablicos, un clima favorable prim\u00f3 entre los<br>ciudadanos en el momento de la implementaci\u00f3n de la primera etapa de la reforma del<br>Estado. El sost\u00e9n principal del proyecto modernizador provino de la fortaleza de un<br>gobierno que encontr\u00f3 su fuente de autoridad en la memoria de la emergencia<br>hiperinflacionaria y en una sentida demanda de reorganizaci\u00f3n de la econom\u00eda.<br>Pocas veces un tema concert\u00f3 tanto la atenci\u00f3n de los medios de comunicaci\u00f3n y<br>moviliz\u00f3 a la sociedad como el referido a las privatizaciones. Empresarios y<br>trabajadores, pol\u00edticos y funcionarios, prepararon su artiller\u00eda pesada en contra de uno u<br>otro de los t\u00e9rminos de la dicotom\u00eda privatizaci\u00f3n-estatizaci\u00f3n, en la que se dividi\u00f3 la<br>opini\u00f3n nacional. Fueron los gremios estatales, m\u00e1s perjudicados por las medidas, los<br>que lideraron la resistencia, mientras que el resto del arco sindical tendi\u00f3 a pactar con el<br>gobierno, lo que condujo a la divisi\u00f3n de la Confederaci\u00f3n General del Trabajo (CGT).<br>M\u00e1s tarde, en un contexto pol\u00edtico diferente, la CGT se unifico en oposici\u00f3n a la<br>segunda etapa de la reforma del Estado.<br>22<br>El sector mayoritario de la poblaci\u00f3n pareci\u00f3, por ende, inclinado a demandar m\u00e1s<br>mercado y menos Estado. Diversas encuestas conocidas entre marzo y abril de 1990<br>daban cuenta de esta tendencia: el consenso privatizador se fue conformando<br>lentamente. En ese clima, el discurso antidirigista m\u00e1s ortodoxo proclam\u00f3 a la reforma<br>del Estado como condici\u00f3n \u00fanica de resoluci\u00f3n de la crisis. La sociedad pudo<br>comprender m\u00e1s tarde, a trav\u00e9s de numerosas y severas experiencias de ajustes, que las<br>privatizaciones (necesarias en muchos casos) no condujeron por s\u00ed mismas a la<br>superaci\u00f3n de los problemas econ\u00f3micos. Esto no impidi\u00f3 a la mayor\u00eda de los usuarios<br>reconocer una mejora en el funcionamiento de los servicios p\u00fablicos.<br>Una vez finalizada las principales reformas del mercado y del Estado, que<br>clausuraron el ciclo de la econom\u00eda mixta, se inaugur\u00f3 oficialmente a mediados de 1996<br>la segunda etapa de reforma del sector p\u00fablico. La intenci\u00f3n del gobierno era terminar<br>con las grandes privatizaciones que faltaban, con la supresi\u00f3n de los entes residuales,<br>continuar con la racionalizaci\u00f3n de la administraci\u00f3n p\u00fablica, y avanzar con la<br>desregulaci\u00f3n del mercado laboral y el sistema de salud. Entre una etapa y otra,<br>reaparecieron \u2013con posterioridad a la crisis financiera mexicana de 1994- la recesi\u00f3n y<br>el d\u00e9ficit fiscal, cuya repercusi\u00f3n en nuestra econom\u00eda fue duramente percibida con las<br>medidas de ajuste aplicadas.<br>Con la idea de completar la segunda etapa de la reforma estatal, el poder legislativo<br>deleg\u00f3 nuevamente facultades extraordinarias en el ejecutivo para efectuar la<br>reorganizaci\u00f3n del sector p\u00fablico nacional. Establecido, por tanto, el marco jur\u00eddico<br>general de la segunda reforma del Estado, el presidente Menem aceler\u00f3 los tiempos, con<br>el prop\u00f3sito de ingresar en los temas de fondo que estaban pendientes: la reforma<br>laboral y la desregulaci\u00f3n del sistema de salud (las obras sociales). Esta jugada audaz<br>provoc\u00f3 un quiebre en la hist\u00f3rica relaci\u00f3n entre las estructuras gremiales y el partido<br>justicialista, al apuntar al coraz\u00f3n mismo del poder sindical.<br>La segunda reforma del Estado naci\u00f3 en un contexto pol\u00edtico que presentaba matices<br>diferentes al que se vivi\u00f3 en 1989. La reforma aliment\u00f3 un conflictivo escenario en el<br>que los intereses pol\u00edticos y sindicales, que resist\u00edan el cambio, chocaban con las<br>expectativas de buenos negocios que esperaban los inversores privados. De esta manera,<br>aunque con vacilaciones, se volc\u00f3 a la oposici\u00f3n el sector sindical que durante a\u00f1os<br>acompa\u00f1\u00f3 a Menem en sus proyectos. El resultado de ese giro pol\u00edtico fue la unificaci\u00f3n<br>de la CGT con los sectores contestatarios del sindicalismo y la realizaci\u00f3n de dos paros<br>nacionales en los meses de agosto y septiembre de 1996. Las tensiones que generaron<br>estas reformas \u2013que fueron a impactar directamente en el interior del partido peronista\u0002se agravaron por el cuadro recesivo que castigaba a la econom\u00eda y por el aumento del<br>nivel de desocupaci\u00f3n. En el parlamento, el poder ejecutivo no encontr\u00f3, ni en las<br>propias filas del peronismo, el \u00e1nimo necesario para dar un curso favorable al proyecto<br>de flexibilizaci\u00f3n laboral, aunque ya se hab\u00eda avanzado lo suficiente en esta materia.<br>Las reformas estructurales fueron adoptadas, pero lo que estuvo en cuesti\u00f3n fue la<br>eficacia de las mismas, la entidad de los resultados -satisfactorios o insatisfactorios- tras<br>diez a\u00f1os de ajustes permanentes y de sacrificios sociales. El Estado se redujo, los<br>mercados funcionaron libremente, el programa de privatizaci\u00f3n se cumpli\u00f3 en t\u00e9rminos<br>generales y la apertura comercial fue absoluta, sin embargo, si se tiene en cuenta el<br>23<br>crecimiento relativo, las tasas de desempleo, la injusta distribuci\u00f3n del ingreso y las<br>desigualdades sociales, los resultados no fueron satisfactorios.<br>El \u00e9xito principal de la d\u00e9cada de gesti\u00f3n de Carlos Menem fue, sin duda, la<br>estabilidad macroecon\u00f3mica, que abri\u00f3 paso al control de la inflaci\u00f3n y la estabilidad de<br>la moneda. Pese a la aprobaci\u00f3n que tuvo la reforma econ\u00f3mica en nuestro pa\u00eds,<br>especialmente entre 1991 y 1994, con la apertura de la econom\u00eda, las privatizaciones y<br>las desregulaciones, las pol\u00edticas aplicadas no se encaminaron en la direcci\u00f3n de un<br>programa de transformaci\u00f3n productiva. La convertibilidad, aunque exitosa<br>inicialmente, no pudo garantizar por s\u00ed misma el crecimiento. El gobierno de Menem no<br>pudo cumplir con una de sus grandes metas: el control fiscal. A pesar de la estabilidad<br>macroecon\u00f3mica y las privatizaciones, los resultados fiscales s\u00f3lo se mantuvieron en<br>equilibrio durante los primeros a\u00f1os de la convertibilidad. A partir del tercer trimestre<br>de 1994, y sobre todo despu\u00e9s de la crisis financiera mexicana, resurgi\u00f3 el d\u00e9ficit fiscal<br>que continu\u00f3 hasta la finalizaci\u00f3n del mandato de Menem en 1999. Los ajustes fiscales<br>fueron un rasgo permanente de la reconstrucci\u00f3n de la democracia argentina en la<br>d\u00e9cada menemista. El desempe\u00f1o fiscal en esos diez a\u00f1os fue deficiente, no obstante<br>los importantes ingresos de las privatizaciones, que sin duda contribuyeron a mantener<br>el equilibrio de las cuentas p\u00fablica entre 1991 y 1994.<br>El Pacto de Olivos y la reforma constitucional<br>El punto de partida de un gobierno puede definir las cualidades o defectos del mismo.<br>A s\u00f3lo tres meses de haber asumido, Carlos Menem revelaba sus ambiciones<br>hegem\u00f3nicas y sacaba a luz su estrategia de concentraci\u00f3n del poder. Con un Congreso<br>condicionado por las urgencias del gobierno ante la gravedad de la crisis, el presidente<br>Menem defini\u00f3 entre sus objetivos de poder la Corte Suprema y la Constituci\u00f3n<br>Nacional. Adem\u00e1s de los reclamados poderes de excepci\u00f3n, el Poder Ejecutivo envi\u00f3<br>un proyecto de ley al Congreso para ampliar de cinco a nueve la composici\u00f3n del Alto<br>Tribunal. El proyecto amenazaba con la independencia del m\u00e1ximo Tribunal de Justicia<br>y, por consiguiente, con la seguridad jur\u00eddica de los hombres y bienes del pa\u00eds. Al<br>mismo tiempo, en el mes de septiembre de 1989 el presidente Menem convocaba a<br>todos los sectores pol\u00edticos y sociales a encarar un proceso de reforma de la Carta<br>Magna, proceso que tuvo lugar finalmente en 1994.<br>El Pacto de Olivos fue el acuerdo pol\u00edtico entre las dos fuerzas mayoritarias de la<br>Argentina para reformar la Constituci\u00f3n. La iniciativa reformista lanzada por Menem<br>apenas alcanz\u00f3 el poder, retomada a principios de 1992 con la estabilidad econ\u00f3mica,<br>cobr\u00f3 fuerza despu\u00e9s de los comicios de octubre de 1993, cuando el justicialismo gan\u00f3<br>en esa oportunidad las elecciones para diputados nacionales. En una situaci\u00f3n de<br>debilidad pol\u00edtica, el radicalismo liderado por Ra\u00fal Alfons\u00edn en un cambio de posici\u00f3n<br>acept\u00f3 discutir la necesidad de la reforma constitucional. De esta manera, el 4 de<br>noviembre de 1993 se realiz\u00f3 una reuni\u00f3n secreta entre el presidente Carlos Menem y<br>Ra\u00fal Alfons\u00edn en la que se estableci\u00f3 las bases de la reforma: la reducci\u00f3n del mandato<br>presidencial a cuatro a\u00f1os y la inclusi\u00f3n de la cl\u00e1usula de reelecci\u00f3n por un s\u00f3lo<br>per\u00edodo, la designaci\u00f3n de un Jefe de Gabinete o Ministro Coordinador, el<br>levantamiento de la convocatoria al plebiscito propuesta por el gobierno como una<br>forma de presi\u00f3n al radicalismo, la creaci\u00f3n de un Consejo de la Magistratura, la<br>presentaci\u00f3n de un proyecto de reforma com\u00fan. El \u201cacuerdo de dos\u201d, como lo defini\u00f3<br>Atilio Cador\u00edn en el diario La Naci\u00f3n, dio lugar al Pacto que fue firmado el 14 de<br>24<br>noviembre de 1993 en la residencia presidencial de Olivos, lo que le permiti\u00f3 a Menem<br>acercarse a la codiciada reelecci\u00f3n. El 15 de noviembre por decreto presidencial se<br>suspendi\u00f3 sin fecha el plebiscito sobre la reforma constitucional, como un paso esencial<br>en la marcha de las negociaciones. A partir de ese momento comenz\u00f3 a funcionar la<br>comisi\u00f3n t\u00e9cnica que elabor\u00f3 en detalle los puntos de la reforma.<br>Tambi\u00e9n fue objeto del Pacto de Olivos la renovaci\u00f3n parcial de los integrantes de la<br>Corte Suprema. Esa renovaci\u00f3n entr\u00f3 como parte del acuerdo que exigi\u00f3 el radicalismo<br>para apoyar la reforma de la Constituci\u00f3n. Ante algunas dificultades para llevar adelante<br>este prop\u00f3sito, los radicales amenazaron con romper el acuerdo de la reforma si no<br>renunciaban antes del 3 de diciembre por lo menos tres miembros de la Corte Suprema,<br>conforme al compromiso adquirido por el presidente Menem. Alfons\u00edn necesitaba este<br>gesto para presentarlo como garant\u00eda del acuerdo en la Convenci\u00f3n Nacional de la uni\u00f3n<br>c\u00edvica radical. Finalmente, sobrevino el anuncio de los tres alejamientos, lo que le<br>permiti\u00f3 a Ra\u00fal Alfons\u00edn obtener un amplio respaldo al Pacto de Olivos en la<br>convenci\u00f3n de su partido, celebrada el 4 de diciembre. El momento culminante lleg\u00f3 el<br>13 de diciembre de 1993 cuando Menem y Alfons\u00edn firmaron el \u201cAcuerdo para la<br>Reforma de la Constituci\u00f3n Nacional\u201d, que estableci\u00f3 un N\u00facleo de Coincidencias<br>B\u00e1sicas que deb\u00eda ser votado sin revisi\u00f3n y de una sola vez por la Asamblea<br>Constituyente. Por \u00faltimo, la ley declarativa de reforma (24309), que incluy\u00f3 el N\u00facleo<br>de Coincidencias B\u00e1sicas, se sancion\u00f3 el 29 de diciembre de 1993.<\/p>\n\n\n\n<p>Un cl\u00e1sico acuerdo entre caudillos fue fundado, m\u00e1s que en la virtud que acompa\u00f1a a<br>las grandes obras, en las ambiciones de reelecci\u00f3n de Carlos Menem, en las necesidades<br>pol\u00edticas de Ra\u00fal Alfons\u00edn y en las debilidades pol\u00edticas del partido radical para vetar las<br>iniciativas reformistas del gobierno nacional. Cuando el primer presidente de la<br>transici\u00f3n decidi\u00f3 a fines de 1993 acercarse al gobierno de Menem, en un momento en<br>que su relaci\u00f3n con la opini\u00f3n p\u00fablica se hallaba deteriorada, lo hizo pensando que un<br>acuerdo entre los dos partidos mayoritarios le podr\u00eda devolver el protagonismo perdido<br>en los \u00faltimos a\u00f1os, luego de su apresurado alejamiento de la Casa de Gobierno. A<br>cambio, deb\u00eda facilitar el camino de la reelecci\u00f3n presidencial.<br>En los hechos, el acuerdo logrado le permiti\u00f3 a Alfons\u00edn ocupar, junto a Menem, el<br>centro del escenario nacional. En su discurso alegaba la intenci\u00f3n de reubicar y<br>fortalecer el proceso democr\u00e1tico en la esfera institucional, de la cual a su entender se<br>alejaba cada vez m\u00e1s el presidente Menem. Pensaba el pacto pol\u00edtico con los peronistas<br>como un pacto de garant\u00edas que evitar\u00eda las \u201chegemon\u00edas y la perpetuaci\u00f3n\u201d y abrir\u00eda<br>\u201clos cauces de una democracia avanzada\u201d que modificar\u00eda el car\u00e1cter extremo del<br>sistema presidencialista argentino. A pesar de estos argumentos aceptaba incorporar en<br>la Constituci\u00f3n la cl\u00e1usula de la reelecci\u00f3n, aquella que le permiti\u00f3 a Menem gobernar<br>el pa\u00eds durante diez a\u00f1os, como nadie lo hizo durante el siglo XX. A cambio obten\u00eda la<br>figura del ballottage, la del Jefe de Gabinete, el Consejo de la Magistratura, el tercer<br>senador, el mejoramiento de los \u00f3rganos de control, el refer\u00e9ndum. Con estas reformas,<br>Alfons\u00edn apostaba a superar el bajo nivel de institucionalizaci\u00f3n de la democracia y a<br>atenuar el r\u00edgido sistema presidencialista.<br>Con posterioridad a la reforma constitucional y a las elecciones nacionales celebradas<br>el 14 de mayo de 1995, Carlos Menem vi\u00f3 fortalecido su poder, confirm\u00f3 su liderazgo y<br>estilo de gobierno decisionista. La reforma de 1994 elimin\u00f3 el Colegio Electoral que fue<br>sustituido por el voto directo y distrito \u00fanico en el territorio nacional, con un sistema de<br>doble vuelta. As\u00ed, Menem fue elegido en la primera vuelta con el 49,9 % de los votos<br>25<br>positivos, con un porcentaje superior a las elecciones de 1989 y obtuvo mayor\u00eda propia<br>en ambas c\u00e1maras. Reuni\u00f3 el poder suficiente como para intentar completar la reforma<br>econ\u00f3mica iniciada en 1989. Su segundo per\u00edodo de gobierno de cuatro a\u00f1os fue<br>inaugurado el 8 de julio de 1995 y finaliz\u00f3 en diciembre de 1999, cuando lo reemplazo<br>Fernando De la R\u00faa.<br>El triunfo categ\u00f3rico de Menem dio lugar a interesantes debates que buscaron explicar<br>las razones del \u00e9xito de la pol\u00edtica neoliberal, la que era juzgada por segmentos<br>importantes de la poblaci\u00f3n y por significativas corrientes de opini\u00f3n como contraria a<br>los intereses nacionales y sociales. Ahora bien, el \u00e9xito electoral no pudo ocultar lo que<br>era una realidad evidente: la necesidad de mejorar la competitividad de la econom\u00eda. El<br>plan de Convertibilidad comenzaba a mostrar sus l\u00edmites en la tarea de estabilizaci\u00f3n<br>macroecon\u00f3mica. Si bien la estabilidad monetaria le hizo ganar elecciones a Menem, el<br>problema fue -para los propios ciudadanos argentinos- que el plan de Convertibilidad<br>depend\u00eda del endeudamiento externo. M\u00e1s tarde, una sucesi\u00f3n de hechos financieros<br>internacionales golpearon igualmente a la econom\u00eda argentina: la crisis en Asia en 1997,<br>la cesaci\u00f3n de pagos en Rusia en 1998 y la posterior devaluaci\u00f3n del real en Brasil a<br>comienzos de 1999, que hicieron m\u00e1s dif\u00edcil la sobrevivencia de la Convertibilidad.<br>Como fue dicho, el Pacto de Olivos que motoriz\u00f3 la reforma constitucional encerraba<br>en la perspectiva de Carlos Menem un prop\u00f3sito fundamental: levantar la prohibici\u00f3n de<br>reelecci\u00f3n inmediata del Presidente que estableci\u00f3 la Constituci\u00f3n hist\u00f3rica. La reforma<br>de esta cl\u00e1usula inhibitoria le permiti\u00f3 concretar sus ambiciones hegem\u00f3nicas y<br>permanecer diez a\u00f1os en el poder, entre 1989 y 1999. Una vez logrado el objetivo, el<br>mismo no fue suficiente. Cuando promediaba su segundo mandato, Carlos Menem hizo<br>conocer su pretensi\u00f3n a un tercer mandato consecutivo, que pod\u00eda ser viabilizado por un<br>proyecto de reforma de la Constituci\u00f3n de 1994 o por una interpretaci\u00f3n favorable de la<br>Corte Suprema de Justicia, que le abriera paso a una nueva postulaci\u00f3n. Cualquiera de<br>estos impulsos hegem\u00f3nicos le hubieran permitido revisar las cl\u00e1usulas que no admiten<br>la reelecci\u00f3n consecutiva del presidente por m\u00e1s de dos per\u00edodos. Cuando se reform\u00f3 la<br>Constituci\u00f3n por el art\u00edculo 90 se prohibi\u00f3 la reelecci\u00f3n inmediata al tercer per\u00edodo. Al<br>mismo tiempo, y para que no hubiera lugar a dudas, se dispuso en la Cl\u00e1usula<br>Transitoria novena que el mandato del presidente en ejercicio al momento de<br>sancionarse la reforma (es decir, Carlos Menem) deber\u00e1 ser considerado como primer<br>per\u00edodo. Esta norma reflejaba el acuerdo contenido en el punto B del N\u00facleo de<br>Coincidencias que consideraba al actual mandato presidencial (1989-1995) como un<br>primer per\u00edodo. En suma, las normas constitucionales y los acuerdos previos<br>establecieron expresamente los l\u00edmites de los derechos del ciudadano Carlos Menem y<br>la fecha de finalizaci\u00f3n de su segundo y \u00faltimo mandato presidencial consecutivo. El<br>Estado de derecho, que organiza el funcionamiento del r\u00e9gimen democr\u00e1tico, defini\u00f3<br>entonces los alcances del poder, su duraci\u00f3n y distribuci\u00f3n.<br>Decisionismo pol\u00edtico y Estado de derecho<\/p>\n\n\n\n<p>En diez a\u00f1os de gobierno, el poder menemista oscil\u00f3 entre la estabilidad econ\u00f3mica y<br>la precariedad institucional. La dependencia pol\u00edtica de la Corte Suprema (para lo cual<br>logr\u00f3 reunir una \u201cmayor\u00eda autom\u00e1tica\u201d), el debilitamiento de los \u00f3rganos de control del<br>26<br>Estado, el menosprecio parlamentario, la corrupci\u00f3n generalizada, el escaso apego al<br>Estado de derecho, no hicieron m\u00e1s que devaluar una historia ya colmada de deficiencia<br>institucional. La capacidad de gobernar demostrada en momentos de crisis, cuando<br>hab\u00eda que acomodarse a las nuevas condiciones del mercado mundial, no estuvo al<br>servicio de la calidad institucional de la democracia. Es justo reconocer, sin embargo,<br>que las libertades civiles y la libertad de prensa fueron b\u00e1sicamente respetadas, aunque<br>se produjeron hechos peri\u00f3dicos que la perturbaron.<br>Se instal\u00f3 en la d\u00e9cada del noventa un complejo sistema de decisi\u00f3n que reforz\u00f3 la<br>tradicional autoridad del gobierno en un r\u00e9gimen presidencialista. Conforme a nuestro<br>sistema constitucional, el poder ejecutivo goza de un poder relativamente concentrado,<br>que se acent\u00faa en los momentos de crisis por el uso de las medidas de emergencia. Las<br>reformas estructurales fueron las respuestas a una crisis profunda y a la presi\u00f3n de los<br>mercados, pero al mismo tiempo activaron la tarea legislativa del ejecutivo y sus<br>capacidades decisorias, para dejar de lado la idea del \u201cgobierno de las leyes\u201d e imponer<br>la idea del \u201cgobierno del ejecutivo\u201d. Se abri\u00f3, entonces, un escenario de rivalidades<br>entre el Ejecutivo, el Congreso y los partidos pol\u00edticos, situaci\u00f3n que puso trabas al<br>consenso que requiere el normal funcionamiento del poder legislativo, con el fin de<br>evitar el bloqueo mutuo de las decisiones. Las dificultades de cooperaci\u00f3n, en un<br>sistema presidencialista como el argentino, se vieron agravadas por las ambiciones<br>hegem\u00f3nicas de un liderazgo presidencial que puso el centro de su acci\u00f3n en la<br>reelecci\u00f3n.<br>En la democracia constitucional argentina, la funci\u00f3n legislativa del Presidente es<br>considerable y tiene lugar en el interior de un proceso que comienza con el poder de<br>iniciativa y finaliza con el poder de promulgaci\u00f3n o con el poder de veto (total o<br>parcial). Esa funci\u00f3n se ampl\u00eda en un pa\u00eds que vive en un estado de emergencia<br>permanente desde 1989 y en el cual pareciera que s\u00f3lo cabe el gobierno por decreto.<br>Frente a la emergencia el Estado de derecho cede y se apela al poder por decreto. Las<br>pretensiones hegem\u00f3nicas ostentadas por el presidente Menem durante su mandato<br>revelaron una concepci\u00f3n de poder que cuestion\u00f3 la adecuada relaci\u00f3n que deb\u00eda<br>prevalecer entre democracia y Estado de derecho. Tal concepci\u00f3n pareci\u00f3 desconocer<br>que las normas de la Constituci\u00f3n ordenan el campo de acci\u00f3n de las voluntades<br>mayoritarias. La Carta Magna no s\u00f3lo contiene los principios fundamentales del Estado<br>democr\u00e1tico sino tambi\u00e9n los del Estado de derecho, por eso aqu\u00e9l est\u00e1 determinado y<br>limitado por \u00e9ste. Esa propuesta reeleccionista puso en contradicci\u00f3n los principios<br>inherentes a la democracia y al Estado de derecho (el principio de la mayor\u00eda y el<br>gobierno de la ley) al sostener que la Constituci\u00f3n de 1994 proscrib\u00eda al presidente<br>Menem, neg\u00e1ndole la posibilidad de postularse a una nueva candidatura, cuando -seg\u00fan<br>esa propuesta- la mayor\u00eda de los ciudadanos se inclinaba a favor de la misma. Frente a<br>este conflicto de principios, la voluntad del pueblo deb\u00eda ser respetada. De esta manera,<br>conforme a esta posici\u00f3n, el derecho no se ajustaba a los deseos de la mayor\u00eda, esto es,<br>a la democracia. El riesgo evidente fue el sometimiento del derecho a los imperativos de<br>una pol\u00edtica decisionista.<br>El estilo pol\u00edtico de Menem abri\u00f3, por ende, una zona de tensi\u00f3n en el sistema<br>institucional entre dos t\u00e9rminos de una ecuaci\u00f3n que no siempre coinciden: la crisis\u0002que exige una respuesta-, y la norma jur\u00eddica -que busca su aplicaci\u00f3n. Aqu\u00ed, aparece<br>una tensi\u00f3n no resuelta entre cesarismo y constitucionalismo, entre cesarismo y<br>parlamentarismo. A pesar de sus pretensiones decisionistas, el Estado de Menem no es<br>27<br>un Estado hobbesiano dotado de autoridad absoluta. El problema surgi\u00f3 cuando en esa<br>configuraci\u00f3n del poder Menem trat\u00f3 de extender en el tiempo sus atribuciones<br>excepcionales, m\u00e1s all\u00e1 de las causas de la emergencia. Sin duda, la personalizaci\u00f3n del<br>poder fue un rasgo sobresaliente de su acci\u00f3n de gobierno, que deriv\u00f3 de su capacidad<br>personal o de su carisma. El renacido debate en torno al decisionismo pol\u00edtico se<br>explica, en parte, por el universo de una \u00e9poca que puede ser caracterizado por las<br>transformaciones estructurales de la sociedad y la econom\u00eda, la crisis de la pol\u00edtica y la<br>reducci\u00f3n del poder del parlamento. Consecuentemente, el \u00f3rgano ejecutivo se ha<br>transformado -como alguien ha dicho- en Poder Decisivo (en el sentido de<br>preponderante y no en el sentido schmittiano). En Am\u00e9rica Latina este poder \u201cdecisivo\u201d<br>se acent\u00faa por la fuerza de dos tradiciones: la presencia de fuertes sistemas<br>presidencialistas y la generaci\u00f3n de l\u00edderes populistas, que en algunos casos han dado<br>origen, seg\u00fan ciertas interpretaciones, a \u201cliderazgos de crisis\u201d que dominan la escena<br>pol\u00edtica (Menem, Fujimori).<br>Como se ha indicado, si bien la cuesti\u00f3n econ\u00f3mica fue resuelta con relativo \u00e9xito<br>desde el punto de vista de la estabilidad monetaria y del equilibrio de las principales<br>variables macroecon\u00f3micas, surgieron otros problemas derivados de la aplicaci\u00f3n de un<br>programa econ\u00f3mico neoliberal y de un estilo pol\u00edtico poco respetuoso de la divisi\u00f3n<br>de poderes y de la \u00e9tica de la funci\u00f3n p\u00fablica. La soluci\u00f3n impostergable de estos<br>problemas se trasladaron al gobierno de la Alianza en 1999. Los logros alcanzados en la<br>econom\u00eda argentina durante la administraci\u00f3n de Menem no ocultaron los efectos de una<br>pesada herencia vinculada con su reducida competitividad, el d\u00e9ficit fiscal, la fragilidad<br>financiera y la baja rentabilidad de importantes sectores, especialmente el de los<br>productores de bienes transables.<br>Para avanzar en una conclusi\u00f3n m\u00e1s integral de la d\u00e9cada menemista habr\u00eda que<br>resaltar un tema central de las sociedades organizadas: la responsabilidad de gobernar.<br>Un gobierno es responsable, de acuerdo a la \u00e9tica de la responsabilidad de Max Weber,<br>cuando toma en cuenta las consecuencias previsibles de sus propias decisiones. La<br>autoridad p\u00fablica deber ser responsable de sus decisiones, y debe medir las<br>consecuencias de los actos de gobierno que le van a trascender. Por consiguiente, una<br>pol\u00edtica responsable debe considerar tanto los efectos presentes de sus acciones (que<br>tienen lugar durante el gobierno que tom\u00f3 la decisi\u00f3n) como sus efectos futuros, sobre<br>los ciudadanos y las instituciones. Sin duda, la responsabilidad de gobernar, que es una<br>responsabilidad pol\u00edtica, nace de los errores de la propia gesti\u00f3n, de los errores de las<br>decisiones adoptadas y, por ende, de las consecuencias que afectar\u00e1n a las generaciones<br>presentes y futuras. En definitiva, es la responsabilidad que se tiene ante los ciudadanos<br>despu\u00e9s de la acci\u00f3n y la responsabilidad que se tiene por el cuidado de las instituciones<br>de la democracia.<br>En consecuencia, \u00bfel gobierno de Menem no fue responsable de las consecuencias<br>previsibles de sus decisiones econ\u00f3micas y de las medidas pol\u00edticas que pon\u00edan en<br>riesgo el funcionamiento normal de las instituciones de la democracia? \u00bfNo hay<br>responsabilidad gubernamental, acaso, por el financiamiento del Estado mediante el<br>aumento de la deuda p\u00fablica, que creci\u00f3 en 66.000 millones de d\u00f3lares entre 1991 y<br>1999, o por el gasto p\u00fablico que se duplic\u00f3 en ocho a\u00f1os, o por los altos niveles de<br>desocupaci\u00f3n, o por el crecimiento de la pobreza estructural y el surgimiento de nuevos<br>pobres? Fue una d\u00e9cada en la que se vivi\u00f3 gastando irresponsablemente a cuenta del<br>aumento de la deuda y del ingreso por las privatizaciones, sin considerar que los<br>28<br>problemas se trasladaban hacia el futuro y que otros se deber\u00edan hacer cargo de ellos. Lo<br>mismo se puede decir de los problemas que surgieron por el desinter\u00e9s en mejorar la<br>calidad de las instituciones, por la corrupci\u00f3n en la cumbre y por el escaso respeto a la<br>divisi\u00f3n de poderes.<br>La administraci\u00f3n de Menem no ofreci\u00f3, por cierto, un perfil de gobierno responsable.<br>La \u00e9tica del \u00e9xito de la estabilidad econ\u00f3mica no ocult\u00f3 el pragmatismo de Menem, sus<br>ambiciones hegem\u00f3nicas, la concentraci\u00f3n del poder, ni ocult\u00f3, por ende, la renuncia a<br>las convicciones y a la \u00e9tica de las intenciones. En esos diez a\u00f1os no se crearon las<br>condiciones necesarias para construir instituciones previsibles, especialmente en la<br>esfera econ\u00f3mica, con capacidad para evitar los sobresaltos que se generaron en el<br>dif\u00edcil entramado de la democracia argentina. Es cierto, no son pocas las imperfecciones<br>de la democracia argentina. Adem\u00e1s de las desigualdades vergonzantes y la deficiencia<br>institucional, habr\u00eda que remarcar otro d\u00e9ficit significativo: la falta de modernizaci\u00f3n<br>pol\u00edtica, tanto a nivel del sistema pol\u00edtico como de los partidos. Como en todo proceso<br>hist\u00f3rico hubo cierta continuidad del pasado: clientelismo, corrupci\u00f3n, pol\u00edtica de poder,<br>incompetencia e improvisaci\u00f3n. Pero tambi\u00e9n se produjeron rupturas meritorias con lo<br>peor del pasado: la cultura pol\u00edtica pretoriana. En t\u00e9rminos generales, las organizaciones<br>partidarias no se modernizaron con la transici\u00f3n democr\u00e1tica, ni hubo continuidad en el<br>proceso de renovaci\u00f3n de sus cuadros; m\u00e1s bien se adaptaron a las exigencias del<br>mercado internacional y la teor\u00eda econ\u00f3mica dominante. Prim\u00f3 una racionalidad<br>burocr\u00e1tica y adaptable en lugar de una racionalidad creativa. El desprestigio de los<br>partidos fue creciendo a lo largo de la d\u00e9cada menemista, a pesar de que un sector del<br>arco partidario, acompa\u00f1ado por la sociedad, busc\u00f3 superar las ambiciones hegem\u00f3nicas<br>y reeleccionistas.<br>Pero la construcci\u00f3n de la democracia es siempre un proyecto inconcluso. La etapa que<br>naci\u00f3 en 1983, como una segunda edad de la democracia, consolid\u00f3 un poder leg\u00edtimo,<br>que puso fin a una larga historia irrespetuosa de las reglas de procedimiento y de<br>ilegitimidad pol\u00edtica, estableci\u00f3 un sistema de alternancia y subordin\u00f3 el poder militar al<br>poder civil. Dec\u00edamos que la democracia se perfecciona. La apuesta a su<br>perfeccionamiento requiere de la solidez de una l\u00ednea de control de los ciudadanos sobre<br>los poderes p\u00fablicos y una mejor actuaci\u00f3n de los partidos, la mayor\u00eda de las veces<br>anquilosados en su viejas formas de organizaci\u00f3n y en ciertas concepciones de la<br>pol\u00edtica que los aleja de la sociedad. El per\u00edodo que comenz\u00f3 en diciembre de 1989 con<br>el gobierno de la Alianza presidido por Fernando De la R\u00faa trajo nuevos y dif\u00edciles<br>desaf\u00edos. El perfeccionamiento del sistema democr\u00e1tico depender\u00e1, en fin, de su<br>capacidad para aprender del pasado y de las decisiones orientadas al futuro.<br>Sobre el per\u00edodo 1999-2003<br>Es dif\u00edcil ser contempor\u00e1neo con nuestra propia \u00e9poca, y entender el significado de un<br>tiempo presente, de actos que no han concluido, es a\u00fan m\u00e1s dif\u00edcil. La tarea es, por<br>tanto, complicada y laboriosa en la que no se resuelven sino que se abren problemas, ni<br>se pueden presentar resultados definitivos. Los acontecimientos pol\u00edticos que<br>transcurrieron entre el a\u00f1o 1999 y el 2003 fueron vertiginosos y tuvieron un ritmo<br>constante. En esos pocos a\u00f1os, las renovaciones incesantes en la cosa p\u00fablica volvieron<br>dif\u00edcil la conceptualizaci\u00f3n del v\u00e9rtigo pol\u00edtico.<br>29<br>El triunfo de la Alianza (coalici\u00f3n del radicalismo y el Frepaso) en las elecciones<br>nacionales del 24 de octubre de 1999 fue percibido por buena parte de la sociedad como<br>el punto de partida de una renovaci\u00f3n de la pol\u00edtica; el entusiasmo colectivo fue notorio.<br>No dejaba, adem\u00e1s, de ser gravitante para la afirmaci\u00f3n de la democracia el segundo<br>caso de alternancia pol\u00edtica que tuvo lugar el 10 de diciembre cuando la Alianza asumi\u00f3<br>el poder que dejaba el justicialismo. Por primera vez en nuestra historia el peronismo<br>era apartado del poder mediante una competencia electoral. Sin embargo, los desaf\u00edos<br>de la Alianza no fueron pocos ni f\u00e1ciles de resolver. Hab\u00eda que superar la activaci\u00f3n<br>permanente de la l\u00f3gica decisionista del poder ejecutivo del per\u00edodo menemista y<br>resolver aquellos problemas pendientes que ten\u00edan que ver con la b\u00fasqueda de igualdad<br>social, con los deseos de seguridad, con la eliminaci\u00f3n de la corrupci\u00f3n y con la calidad<br>de las instituciones p\u00fablicas, especialmente con aquellas que impart\u00edan justicia.<br>En ese panorama, un equilibrio de poder se estableci\u00f3 entre las dos grandes fuerzas<br>pol\u00edticas que actuaron en la coyuntura electoral. Al mismo tiempo que el candidato del<br>justicialismo, Eduardo Duhalde, fue derrotado en las urnas a nivel nacional, la sociedad<br>no entregaba todo el poder a la oposici\u00f3n triunfante. En el plano nacional, la Alianza<br>hab\u00eda obtenido una victoria contundente, pero deb\u00eda gobernar un pa\u00eds con las principales<br>provincias (Buenos Aires, Santa Fe, C\u00f3rdoba) en manos del peronismo. Si a ello se le<br>sumaba el control del Senado por el peronismo y una Corte Suprema integrada por una<br>\u201cmayor\u00eda autom\u00e1tica\u201d, era evidente que el partido justicialista conservaba una buena<br>cuota de poder.<br>R\u00e1pidamente se hicieron visibles las diferencias existentes en el seno de la propia<br>coalici\u00f3n pol\u00edtica, entre radicales y frepasitas, y en el seno de la Uni\u00f3n C\u00edvica Radical,<br>entre el sector que dominaba la estructura partidaria y el que ocupaba las principales<br>funciones gubernamentales. En t\u00e9rminos pol\u00edticos, la Alianza no pod\u00eda mejorar su<br>capacidad de gobierno ni definir un rumbo cierto. En materia econ\u00f3mica, el pa\u00eds no<br>pod\u00eda superar los problemas generados por el proceso recesivo que hab\u00eda comenzado en<br>1998, mientras se decid\u00eda mantener a rajatabla el plan de convertibilidad. Es cierto que<br>la estabilidad de la moneda se hab\u00eda convertido en el nuevo valor que la sociedad<br>defend\u00eda. La experiencia inflacionaria de 1989 hab\u00eda ense\u00f1ado que cuando se desordena<br>la econom\u00eda y la moneda pierde su valor, se agita la convivencia pac\u00edfica de la sociedad,<br>se desajustan las reglas del juego pol\u00edtico civilizado y se pone en evidencia la amenaza<br>de inestabilidad sist\u00e9mica. Lo que hubo fue la ausencia de una estrategia de desarrollo<br>coherente para mejorar la econom\u00eda a largo plazo, que fuera m\u00e1s all\u00e1 de los imperativos<br>de estabilidad y ajuste a corto plazo. Sin un proyecto de desarrollo no se pod\u00eda<br>convalidar la convertibilidad. Sin duda, no alcanzaba con la estabilidad de la moneda,<br>aunque ella fuera la principal conquista de la d\u00e9cada del noventa. Era evidente que el<br>crecimiento econ\u00f3mico no pod\u00eda ser el resultado directo de un r\u00e9gimen cambiario.<br>Dos hechos significativos se\u00f1alaron la crisis profunda de la coalici\u00f3n gobernante y el<br>fracaso de la pol\u00edtica econ\u00f3mica del gobierno: la renuncia del vicepresidente Chacho<br>\u00c1lvarez y la incorporaci\u00f3n al gabinete de Domingo Cavallo como ministro de<br>econom\u00eda.<br>Chacho \u00c1lvarez renunci\u00f3 a la Vicepresidencia de la Naci\u00f3n en octubre de 2000, diez<br>meses despu\u00e9s de haber asumido al cargo por las denuncias de sobornos contra<br>senadores nacionales del peronismo y radicalismo que habr\u00edan incurrido en ese delito<br>para aprobar la ley de reforma laboral. La denuncia de corrupci\u00f3n que conmocion\u00f3 a la<br>opini\u00f3n p\u00fablica y sacudi\u00f3 a las estructuras partidarias termin\u00f3 en el enfrentamiento de<br>30<br>\u00c1lvarez con De la R\u00faa, ante la resistencia del Presidente en llevar a fondo una<br>investigaci\u00f3n.<br>La designaci\u00f3n de Cavallo en el ministerio de econom\u00eda se concret\u00f3 en marzo de 2001.<br>Con un nuevo perfil, Cavallo propon\u00eda algunas innovaciones para sortear la crisis<br>financiera en curso y poder crecer. Su programa econ\u00f3mico, que incluy\u00f3 en distintos<br>momentos el plan de competitividad, la convertibilidad ampliada, el \u201cmegacanje\u201d, el<br>d\u00e9ficit cero, result\u00f3 insuficiente para frenar la debacle y evitar las corridas sobre los<br>dep\u00f3sitos bancarios. El destino del gobierno de la Alianza comenzaba a definirse.<br>Con el derrumbe del plan de convertibilidad y la renuncia del presidente De la R\u00faa, el<br>20 de diciembre de 2001, se abri\u00f3 un per\u00edodo marcado por la inestabilidad institucional<br>y la devaluaci\u00f3n de la moneda nacional. Los des\u00f3rdenes social y monetario se instalaron<br>nuevamente. Los estallidos sociales, con los saqueos a supermercados, reaparecieron en<br>diciembre de 2001 al final del gobierno de la Alianza y continuaron en los primeros<br>meses de 2002. En una situaci\u00f3n de conmoci\u00f3n profunda, el que reaccion\u00f3 con<br>vehemencia fue el cuerpo social completo y detr\u00e1s de esa reacci\u00f3n colectiva se<br>encontraba agazapada la violencia. Con la violencia apareci\u00f3 una amenaza real que<br>atraves\u00f3 al conjunto de las instituciones p\u00fablicas y privadas. En efecto, el cansancio y la<br>irritaci\u00f3n de una sociedad agotada, que atravesaba por el valle de l\u00e1grimas de los ajustes<br>desde hace varias d\u00e9cadas, sac\u00f3 violentamente a luz la desesperanza y el descontento.<br>De una coalici\u00f3n electoral exitosa, la Alianza no pudo convertirse en una coalici\u00f3n<br>gobernante estable y competente. En poco tiempo, esa coalici\u00f3n pol\u00edtica se fue<br>resquebrajando, mostr\u00f3 su impotencia, su fragmentaci\u00f3n, su impericia en muchos<br>terrenos, sobre todo despu\u00e9s de la renuncia de \u00c1lvarez hasta llegar al final tr\u00e1gico de De<br>la R\u00faa. La decepci\u00f3n colectiva por el fracaso fue enorme, por las expectativas<br>frustradas, por el desenga\u00f1o.<br>Despu\u00e9s de la renuncia del presidente De la R\u00faa, la crisis argentina inici\u00f3 una nueva<br>p\u00e1gina en su larga historia. Un gran escenario de protesta reuni\u00f3 el reclamo de los<br>excluidos y el cacerolazo de la clase media en defensa de su derecho de propiedad. Los<br>habitantes del centro y la periferia, motivados por intereses diferentes, quebraron la<br>resentida relaci\u00f3n entre representantes y representados. La ira enardeci\u00f3 tanto a los<br>ciudadanos que los dirigentes pol\u00edticos no pod\u00edan circular libremente por las calles ni<br>asistir a lugares p\u00fablicos sin temor a ser agredidos o repudiados, mientras el Congreso<br>de la Naci\u00f3n permaneci\u00f3 vallado durante un buen tiempo. La reacci\u00f3n de los ciudadanos<br>golpeando cacerolas, la convocatoria de las asambleas vecinales y la protesta de los<br>piqueteros fue una visible demostraci\u00f3n del hundimiento del sistema de representaci\u00f3n.<br>La consigna \u201cque se vayan todos\u201d, coreada masivamente en las calles, fue el s\u00edmbolo de<br>la indignaci\u00f3n y la negativa a entablar una conversaci\u00f3n, que se consideraba ya agotada,<br>con los dirigentes tradicionales.<br>En el mes de diciembre de 2001, numerosas normas de emergencia elaboradas por<br>Cavallo fijaron fuertes restricciones a la extracci\u00f3n de dinero en efectivo (el<br>denominado \u201ccorralito\u201d) que pusieron en suspenso el derecho de propiedad, al impedir<br>que los depositantes dispusieran libremente de ese patrimonio. M\u00e1s tarde, en base a la<br>ley de emergencia p\u00fablica y reforma del r\u00e9gimen cambiario de enero de 2002, el<br>gobierno del presidente Duhalde continu\u00f3 profundizando las restricciones al r\u00e9gimen<br>bancario y cambiario, sin el debido respeto al derecho de propiedad garantizado por la<br>31<br>Constituci\u00f3n Nacional. Ante esta situaci\u00f3n de inseguridad jur\u00eddica, los ciudadanos se<br>encontraron en un estado de total indefensi\u00f3n, lo que abri\u00f3 el camino de la justicia. En<br>definitiva, por la emergencia econ\u00f3mica, la suerte del derecho de propiedad y la<br>seguridad de los contratos qued\u00f3 librado a la decisi\u00f3n de los gobernantes de turno, a<br>pesar de que toda norma de excepci\u00f3n encuentra sus l\u00edmites en la Constituci\u00f3n.<br>Ninguna legislaci\u00f3n de emergencia puede suprimir derechos constitucionales. De esta<br>manera, se afectaba el Estado de derecho.<br>Un terremoto pol\u00edtico y social pareci\u00f3 arrastrar a la Argentina hacia el abismo entre el<br>diciembre tr\u00e1gico y los primeros meses de 2002: el pa\u00eds tuvo cinco presidentes en 15<br>d\u00edas (De la R\u00faa, Puerta, Rodr\u00edguez S\u00e1a, Cama\u00f1o, Duhalde). En un manejo desesperado<br>y err\u00e1tico de la crisis que comenz\u00f3 con Domingo Cavallo cuando se congelaron los<br>d\u00f3lares de los bancos y se destruy\u00f3 la riqueza de los ahorristas y continu\u00f3 con el default<br>de la deuda p\u00fablica declarado por el presidente Rodr\u00edguez S\u00e1a pasando por la<br>devaluaci\u00f3n y pesificaci\u00f3n forzada del presidente Duhualde, se gener\u00f3 una crisis de<br>confianza de proporciones desconocidas, que se extendi\u00f3 a la moneda, al sistema<br>financiero, hasta desembocar en una notable ca\u00edda de la actividad econ\u00f3mica.<br>Esta fue un momento dram\u00e1tico de la realidad de un pa\u00eds cuya clase gobernante en<br>medio del desorden y las presiones devalu\u00f3 la moneda, para mejorar la competitividad<br>de la econom\u00eda, sin estar preparada para hacerse cargo de una decisi\u00f3n que har\u00eda correr<br>serios riesgos a la sociedad (fuerte ca\u00edda del salario real, aumento de la pobreza y la<br>exclusi\u00f3n social). La responsabilidad pol\u00edtica de los dirigentes reside tambi\u00e9n en la<br>precauci\u00f3n de no generar cambios profundos cuando sobrevuela el desorden y se duda<br>sobre el rumbo que se propone seguir.<\/p>\n\n\n\n<p>De nuevo se puso en peligro la moneda nacional. Entre un peso depreciado y la<br>codiciada moneda norteamericana se ubic\u00f3 una tercera moneda con los bonos<br>provinciales y las Letras de Cancelaci\u00f3n de Obligaciones Provinciales (LECOP), que<br>circul\u00f3 por todo el pa\u00eds a ra\u00edz de la recesi\u00f3n, la escasez del cr\u00e9dito y la falta de<br>circulante, llenando de incertidumbre y molestia a sus obligados poseedores que no<br>ignoraban que el respaldo de esos t\u00edtulos radicaba en la solvencia del emisor, es decir,<br>en el Estado nacional y los Estados provinciales que reconocieron sus insolvencias. En<br>el mismo escenario, la gravedad de los hechos hizo florecer una econom\u00eda paralela con<br>los centros de trueques, verdaderos mercados informales que configuraron una<br>econom\u00eda natural de cambio (hubo intercambio sin dinero) que contrast\u00f3 con la<br>econom\u00eda monetaria.<br>En una situaci\u00f3n de conmoci\u00f3n profunda como la que se vivi\u00f3 a partir de diciembre de<br>2001, Eduardo Duhalde, designado presidente de la Naci\u00f3n por la Asamblea Legislativa<br>el 1\u00ba de enero de 2002, propuso la discusi\u00f3n de un amplio pacto de reforma pol\u00edtica que<br>apostaba a una renovaci\u00f3n de las instituciones p\u00fablicas y las pr\u00e1cticas partidarias. En<br>momentos muy decisivos para el ordenamiento de la Argentina, convoc\u00f3 a todos los<br>sectores al di\u00e1logo social para enfrentar el derrumbe del pa\u00eds, tras una propuesta que fue<br>denominada Di\u00e1logo Argentino. La propuesta fue efectuada junto con la Iglesia Cat\u00f3lica<br>y el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), y en las reuniones<br>participaron entidades empresariales y asociaciones sindicales, organizaciones no<br>gubernamentales y fuerzas pol\u00edticas. Finalmente, la Argentina se fue estabilizando<br>progresivamente y sin duda result\u00f3 una ayuda valiosa la pol\u00edtica acertada del ministro<br>de econom\u00eda Roberto Lavagna. El final de la recesi\u00f3n econ\u00f3mica y una situaci\u00f3n<br>32<br>internacional favorable crearon el clima propicio para retomar el camino de la<br>estabilidad.<br>El presidente Duhualde decidi\u00f3 acortar la duraci\u00f3n del mandato otorgado por la<br>Asamblea Legislativa para completar el per\u00edodo presidencial vacante dejado por De la<br>R\u00faa, que venc\u00eda el 10 de diciembre de 2001, presionado por la represi\u00f3n a una marcha<br>piquetera que caus\u00f3 dos v\u00edctimas en el mes de junio de 2002. Las elecciones nacionales<br>fueron convocadas para el 27 de abril de 2003 con entrega del poder el d\u00eda 25 de mayo.<br>Ante la inminencia del proceso eleccionario, la pelea pol\u00edtica entre duhaldistas y<br>menemistas que en un momento hab\u00eda quedado en manos de la justicia, se resolvi\u00f3<br>cuando el congreso del partido peronista, dominado por los partidarios de Duhalde,<br>suspendi\u00f3 a fines de enero las elecciones internas del 23 de febrero de 2003 y aprob\u00f3 un<br>sistema de \u201cneolema\u201d que habilitaba a Kirchner, Menem y Rodr\u00edguez S\u00e1a a representar<br>el justicialismo en las elecciones presidenciales. Envuelto en una crisis de liderazgo, el<br>partido justicialista traslad\u00f3 sus propias disputas internas y contradicciones a las<br>instituciones republicanas y al sistema pol\u00edtico, arrojando incertidumbre a la<br>convocatoria a elecciones nacionales. Con el sistema de \u201cneolema\u201d, la estrategia de<br>Duhalde busc\u00f3 atraer al electorado no peronista para derrotar a Menem, ya sea en la<br>primera o en la segunda vuelta. Una h\u00e1bil jugada que redujo el sistema pol\u00edtico a la<br>interna peronista.<br>Con las elecciones nacionales de octubre de 2001 se abri\u00f3 un per\u00edodo de impugnaci\u00f3n<br>de la pol\u00edtica, de car\u00e1cter in\u00e9dito, que se ha interrumpido con las elecciones<br>presidenciales del 27 de abril de 2003, sin que se pueda afirmar que se ha cancelado. Ha<br>desaparecido, es cierto, la irritaci\u00f3n de los ciudadanos y se percibe una actitud<br>expectante en la sociedad, bajo el gobierno del presidente Kirchner, en el marco de un<br>proceso de disgregaci\u00f3n del sistema de partidos. El per\u00edodo comenz\u00f3 con el malestar de<br>los ciudadanos (que reconoce, sin embargo, una historia m\u00e1s antigua) que se reflej\u00f3 en<br>las urnas el 14 de octubre, dos meses antes de la renuncia de De la R\u00faa, que dio como<br>resultado una cifra elevad\u00edsima entre el voto negativo y la abstenci\u00f3n que alcanz\u00f3 al<br>42,67% del padr\u00f3n electoral. Este desatendido llamado de atenci\u00f3n de una sociedad<br>agotada tuvo su continuidad, a trav\u00e9s de otras manifestaciones, en el colapso<br>institucional del mes de diciembre de 2001 que deriv\u00f3 en el fracaso del gobierno de la<br>Alianza. Ese movimiento de impugnaci\u00f3n, que sac\u00f3 a luz la crispaci\u00f3n de una sociedad<br>cansada, produjo cambios profundos en la vida pol\u00edtica, por momento brutales, que<br>afectaron la relaci\u00f3n de los ciudadanos con las instituciones. No obstante, la renovaci\u00f3n<br>pol\u00edtica tan aclamada no se realiz\u00f3, y al final de ese proceso se quedaron todos. El largo<br>calendario electoral del a\u00f1o 2003 no hizo m\u00e1s que revalidar los t\u00edtulos de aquella<br>dirigencia pol\u00edtica que participaba del poder entre fines de 2001 y principios de 2002.<br>En efecto, a pesar que el sistema de representaci\u00f3n ha sido sentado en el banquillo de<br>los acusados, la legitimidad electoral no ha sido cancelada a juzgar por el incesante<br>desarrollo de las pruebas comiciales. El ciclo electoral que comenz\u00f3 con las elecciones<br>en Santiago del Estero en el 2002 y continu\u00f3 en el pa\u00eds en el 2003 as\u00ed lo demuestra.<br>N\u00e9stor Kirchner lleg\u00f3 al gobierno con un escaso 22% de los votos que fueron<br>aportados en su mayor\u00eda por el peronismo bonaerense, situaci\u00f3n que convirti\u00f3 a<br>Duhalde en el \u201cgran elector\u201d. Lleg\u00f3, pues, acompa\u00f1ado por s\u00f3lo una de las tres<br>fracciones en la que se dividi\u00f3 el peronismo en la contienda electoral del 27 de abril, sin<br>ejercer el liderazgo de su partido, sin mayor\u00eda parlamentaria propia, y con los<br>33<br>gobernadores ejerciendo su poder en la estructura justicialista. De ah\u00ed, la imperiosa<br>necesidad por restablecer la plena autoridad presidencial, sin lo cual no pod\u00eda organizar<br>su propia capacidad de gobierno. El resultado fue la instauraci\u00f3n de una democracia<br>basada en la opini\u00f3n p\u00fablica, a tono con los cambios de \u00e9poca. La duda es saber si esto<br>es suficiente como para construir un poder consistente y, al mismo tiempo, aut\u00f3nomo<br>del partido justicialista.<br>El 25 de mayo el nuevo presidente inaugur\u00f3 un estilo de gobierno personalista que<br>sorprendi\u00f3 y cautiv\u00f3 con rapidez a la mayor\u00eda de la opini\u00f3n p\u00fablica, tan pronto como<br>pudo recuperar con un lenguaje simple viejas im\u00e1genes cargadas de demandas y<br>aspiraciones postergadas. Se sabe que en un estilo pol\u00edtico personalista no se puede<br>opacar ni contradecir la figura del l\u00edder. El estilo de gobierno de Kirchner es una<br>renovada demostraci\u00f3n de que la pol\u00edtica es un saber arquitect\u00f3nico, que el poder es<br>algo que se construye.<br>La opci\u00f3n de Kirchner fue clara desde el primer momento. En lugar de constituir un<br>gobierno de coalici\u00f3n, dada su baja legitimidad electoral, se inclin\u00f3 por formar un<br>gabinete representativo del espacio electoral que lo llev\u00f3 al triunfo y por recostarse en la<br>propia fuerza que le da el ejercicio de la autoridad presidencial. Con un estilo marcado<br>por las decisiones r\u00e1pidas y reservadas anunci\u00f3 el comienzo de una era de renovaci\u00f3n<br>pol\u00edtica y de mejora en la calidad de las instituciones democr\u00e1ticas, que dejar\u00eda atr\u00e1s la<br>era menemista de corrupci\u00f3n pol\u00edtica y de grandes negociados con los intereses<br>corporativos. El poder que se construye desde ese discurso se despliega en una red de<br>relaciones simb\u00f3licas que va acompa\u00f1ado de firmes decisiones pol\u00edticas. El poder<br>presidencial de Kirchner como todo poder produce efectos y se reviste de s\u00edmbolos y<br>gestos que se encaminan a la obtenci\u00f3n de determinados bienes, que generan amplias<br>aceptaciones subjetivas. El poder pol\u00edtico tiene siempre un componente subjetivo, de<br>personalizaci\u00f3n, su realidad no se reduce a la coacci\u00f3n y a la ley. Las decisiones<br>inesperadas que conquistaron adhesiones se tomaron en el campo de la pol\u00edtica, la \u00e9tica<br>y los derechos humanos, abriendo un horizonte de esperanza en un amplio sector que<br>restaura la confianza social en el liderazgo presidencial y en las posibilidades de<br>cambio. Por cierto, la pregunta es si ese poder presidencial ser\u00e1 una fuerza real<br>suficiente como para llevar a cabo transformaciones de \u00edndole econ\u00f3mica y social, en<br>un sistema que ha funcionado durante mucho tiempo con otros h\u00e1bitos y pr\u00e1cticas, y<br>que cuenta con actores muy poderosos.<\/p>\n\n\n\n<p>Aunque es muy pronto todav\u00eda para fijar juicios definitivos sobre un gobierno que<br>reci\u00e9n comienza, interesa sin embargo presentar algunas dudas e interrogantes sobre el<br>desarrollo futuro de este estilo de gobierno. La cultura pol\u00edtica de los argentinos ha<br>oscilado entre la legitimidad populista y la legitimidad constitucional. La caracter\u00edstica<br>que tiene esa primera forma es que al apoyarse casi exclusivamente en la legitimidad de<br>origen descuida los principios inherentes al Estado de derecho. Es, por cierto, un modo<br>de legitimaci\u00f3n que est\u00e1 m\u00e1s interesado en saber qui\u00e9n es el titular del poder, elegido<br>por sufragio universal, que conocer el contenido y los l\u00edmites de ese poder, que debe<br>garantizar los derechos individuales y las libertades p\u00fablicas. Por supuesto, ese modo de<br>legitimaci\u00f3n est\u00e1 asociado con las tradiciones de pensamiento, con las pr\u00e1cticas<br>pol\u00edticas y con la producci\u00f3n de sentidos de la sociedad argentina. Para una concepci\u00f3n<br>semejante, el esp\u00edritu de la democracia y el poder leg\u00edtimo pasa m\u00e1s por el dominio de<br>los hombres y la aplicaci\u00f3n de la regla de mayor\u00eda que por un poder ejercido de acuerdo<br>con una Constituci\u00f3n que fija atribuciones y competencias, establece procedimientos,<br>34<br>define derechos y libertades, con el fin de preservar el Estado de derecho, y as\u00ed evitar<br>los abusos y arbitrariedades que puedan sufrir los ciudadanos. Cabe esperar del<br>presidente Kirchner la reafirmaci\u00f3n permanente del principio de legitimidad<br>constitucional como la manera m\u00e1s eficiente de mejorar la calidad institucional de la<br>democracia.<br>35<br>Bibliograf\u00eda<br>Acu\u00f1a Carlos H. y Smith William C., \u201cLa econom\u00eda pol\u00edtica del ajuste estructural: la<br>l\u00f3gica de apoyo y oposici\u00f3n a las reformas neoliberales\u201d, en Desarrollo Econ\u00f3mico, N1<br>141, Buenos Aires, abril-junio 1996.<br>Acu\u00f1a Mercelo Luis, Alfons\u00edn y el poder econ\u00f3mico, Corregidor, 1995, Buenos Aires.<br>Alaniz Rogelio, La d\u00e9cada menemista, Universidad Nacional del Litoral, Santa Fe,<br>2000.<br>Botana Natalio R., \u201cDos conceptos de ciencia pol\u00edtica aplicados a la realidad argentina:<br>predominio y hegemon\u00eda\u201d, en Academia Nacional de Ciencias Morales y Pol\u00edticas,<br>Buenos Aires, 1996.<br>Botana Natalio R., \u201cLa tradici\u00f3n pol\u00edtica en la Argentina moderna\u201d, en Julio Pinto<br>(Comp.), Ensayos sobre la crisis pol\u00edtica argentina\/2, Biblioteca Pol\u00edtica Argentina,<br>Centro Editor de Am\u00e9rica Latina, Buenos Aires, 1988.<br>Catterberg Edgardo, Los argentinos frente a la pol\u00edtica. 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